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ExpoFoto FADP

En el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires, se puede visitar, en su sede de calle 48 nº530 de la ciudad de La Plata, la reinauguración de ExpoFoto FADP. En la oportunidad se podrán ver las fotografías de varios expositores que realizan un homenaje a los Excombatientes de Malvinas.

EL ORGULLO DE HABLAR ESPAÑOL

EL ORGULLO DE HABLAR ESPAÑOL
(Ensayo)
(Premio “Gente de Letras” (2005)

(Un acercamiento a “Babel y el Castellano”, de Arturo Capdevila)

En su libro “Babel y el Castellano”, editado en Buenos Aires en 1945, Arturo
CAPDEVILA , maestro de las letras argentinas y quien fuera en vida docente preclaro de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, entre otros muchos méritos desconocidos por las nuevas generaciones de escritores, afirma que “nunca pude en rueda de españoles e hispanoamericanos, dejar de sentir una honda emoción de fraternidad”. Y subraya que en aquellos grupos ninguno
hablaba el castellano por imposición tiránica u otra humillante necesidad, “todos –dice- en absoluta certeza, lo teníamos por propio, íntimo y muy legítimo bien”.
Años atrás, en 1973, con el beneficio de una beca de Aktion Adveniat
(Alemania) pude acceder al posgrado del CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo y Comunicación Social de América Latina), en Quito, Ecuador, y captar una dolorosa realidad lingüística mediante una batería de encuestas formuladas por los profesores de UNESCO, de quienes depende ese Centro y realizadas por todos los integrantes de nuestro XIV Curso. No resulta estéril rememorar aquella experiencia en estas nuevas coordenadas de tiempo y espacio para acercarme más al ideario del Maestro Capdevila, como lo registré
en alguna de mis anteriores publicaciones. (BUSTOS, Elsa Cristina “La pulsión de la censura”, Ed.CID, Bs.As.1994).

  • “¿Usted es blanco o natural’
  • “Natural, patronita, natural”.
  • “Y que idioma le gustaría que aprendieran sus hijos? ¿Español o quechua?”
  • “¡Inglés, patronita, inglés!”
    Aquel diálogo a más de 3000 metros de altura nos dejó más helados que el viento
    cordillerano. Estábamos en la provincia de Imbabura, Ecuador, realizando una

investigación ideada por UNESCO-CIESPAL sobre el efecto de los medios de
comunicación masiva en áreas marginadas de distintos centros urbanos artesanales, en este caso la ciudad de Otavalo.
La encuesta fue descubriendo entre aquellos vericuetos montañeses que
conducen a pétreas y blancas viviendas de tejedores de ponchos multicolores de lana cardada a mano y tinturas de ignotas recetas vegetales, donde no permiten el acceso a los agentes del Censo gubernamental, “porque no nos gusta que nos cuenten como a los animales”, resultados tan insólitos como alarmantes.
“¿Qué estudios ha realizado?”, preguntamos a través de nuestro intérprete-guía, un maestro de habla quechua, a jóvenes y adultos de edades indefinidas.
La respuesta era siempre la misma. “Seis años de “escuela blanca”, mi reina”
¡Seis años de escuela primaria en español! Sin embargo, esa gente había olvidado -¿o borrado?- todos sus conocimientos de ese idioma, para volver a hablar en su idioma natal, el quechua, mientras soñaban con que sus hijos aprendieran inglés para comerciar sus tejidos con “los gringos”, esos turistas que tenían los mágicos y poderosos dólares que los deslumbraban.
Los resultados de la investigación registraron la verdad comunicacional de
aquella población: todas las familias poseían equipos de radiofonía de última generación, pero ninguno de sus integrantes supo contestar nunca qué escuchaba en ellos. Solo contestaban “música”, “deportes” o “noticias”, sin poder definir cuál tipo de música, deportes o noticias eran esos. Como tampoco el nombre de su país o los colores
de la bandera nacional aprendidos en la escuela.Y pudimos enterarnos que se dieron casos de mutismo selectivo en algunos niños, presionados entre las expresiones de su lengua natal y “la de los blancos”.
La conclusión es sencilla: en un mundo abrumado por el exceso de información, esa comunidad ecuatoriana, como tantas de Hispanoamérica, permanecía en la más completa y dolorosa desinformación, no por carencia de instrumentos de comunicación social sino por fallas en el mensaje recibido y su código de transmisión: el idioma.
Con esta experiencia y posteriores estudios, proclamo mi orgullo y alegría de pertenecer a la gran comunidad hispanoparlante y manifiesto la convicción de que a través de nuestro idioma común, será posible establecer lazos indestructibles de fraternidad y solidaridad entre las naciones que la componen. Provista de esta tesitura, intentaré seguir al Maestro CAPDEVILA para historiar los avatares del idioma castellano en Argentina, hasta arribar a esta etapa de globalización, consumismo y transculturización.3
Amor controvertido

Las guerras de la Independencia dejaron un amargo resabio
colonialista en los criollos de fines del siglo XIX. No había líder político,
militar o religiosos, que no manejara con igual soltura y bravía actitud,
tanto la espada como la pluma. Todos o casi todos, fueron periodistas,
habida cuenta de que el periódico era el único medio para dirigirse a grupos sociales mayoritarios, y se dio en Buenos Aires hasta la increíble
circunstancia de que el periódico oficial -”La Gazeta”- polemizara consigo
mismo, según el director que lo rigiese cada semana.
Claro está, que el periodismo de entonces no podía dejar de ser
combativo y hasta sedicioso, porque el clima tórrido de las pasiones
políticas no hubiera dejado cabida a la idea de “objetividad informativa”,
implantada años después por las corrientes del liberalismo. Mas pese al
resentimiento con la Vieja Madre Patria “castradora y tiránica”, todos los
comentarios, críticas, panfletos o simples hojas clandestinas, estaban
escritas en idioma español y no en dialectos o regionalismos de algunas
provincias integrantes de la Confederación, ya que los próceres de nuestra
tierra se habían nutrido de las enseñanzas de las más selectas universidades de España, o de las de Charcas y de Chuquisaca primero, y de Córdoba o Buenos Aires después, en las que la lengua de Cervantes constituía un ineludible y venerado modo de comunicación.
Al decir de Capdevila, “la literatura crepitó mezclada con la pólvora”
y estoy en condiciones de aseverar, que la literatura argentina nunca dejó
de demostrar esta especial característica. Porque está plena de ejemplos de
valentía y resistencia ante los reiterados ataques a la libertad de expresión
al avasallamiento de cualquier otro derecho humano. La pólvora nunca se
humedeció con lágrimas de cobardía o resignación y las bocas de los
cañones rugieron al igual que las vetustas máquinas impresoras escondidas en sótanos tan profundos como el sentimiento patriótico de quienes las manejaban. Superficialidad hispanofóbica.

Recuerda el maestro a quien seguimos, que “es necesario para el
apaciguamiento un ambiente de mucho olvido; es necesario que ningún
soplo inoportuno desnude a la brasa de su lenta ceniza”. Y en América
hubo frecuentes ráfagas, intervenciones poco hábiles de España en el
Pacífico “y ese inacabable relampagueo hacia el lado de Cuba, que
renovaban la atmósfera de la mal pasada tormenta”. Así, rememora sus
nueve años de edad en su Córdoba natal, cuando desenvainó su habitual
espada –obviamente de lata- contra un distinguido caballero español, al
grito de “¡Cuba libre!”.
Los intelectuales del siglo XIX sufrían de hispanofobia. Mal que no
solo afectaba a su visión de España sino también a todos sus productos,
especialmente su idioma. Entre ellos, sin duda, los que más se ensañaron
fueron Sarmiento y Alberdi, que llegaron hasta la blasfemia y el deseo de
orfandad buscando en otras lenguas donde abrevar su modo de discurso.
Alberdi proclama. “Es evidente que aún conservamos infinitos restos
del régimen colonial…ya que los españoles nos habían dado el despotismo
en sus costumbres oscuras y miserables”. En cuanto al castellano, afirma
casi axiomáticamente que “es una lengua que nuestra patria no quiere
hablar”. Su pensamiento no acepta la realidad de la emancipación política y la continuidad del colonialismo literario. Y sin darse cuenta del peligro de
su movimiento pendular impulsado por el frenesí de su juventud, agrega:
“En las calles de Buenos Aires circula un castellano modificado por el
pueblo porteño, que algunos escritores argentinos, no parecidos en esto a
Dante, desdeñan por el castellano de Madrid”. E insiste que es ésta “una
lengua de la mayor perfección filosófica…”(…) “aproximarnos a esta
forma por las imitaciones francesas es acercarse a la perfección de nuestra
lengua” (…) “ y llegar a imitar a una lengua perfecta es imitar un
pensamiento perfecto”.


Pero sin duda Alberdi representa lo que Capdevila llama “la izquierda echeverriana”, pues fue Esteban Echeverría quien comenzó a ahondar en esta materia con mayor equilibrio que el autor de las “Bases”.
Su voz sonó firme sobre el Río de la Plata: “No nos hallamos dispuestos a
imitar imitaciones ni a buscar en España ni en nada español el principio
engendrador de nuestra literatura que España no tiene ni puede darnos”. Tal aseveración debe entenderse dentro de un claro contexto: los mericanos aceptan de España el legado de su idioma, más a condición de mejorarlo, de transformarlo progresivamente hasta la emancipación. Por ello.

Echeverría recomienda no adulterar “con postizas y exóticas formas su índole y esencia, ni despojarlo de los atavíos que le son característicos”. Y
de allí sostiene Capdevila, que la doctrina de Alberdi no fue sino la
interpretación exaltada de los postulados de su amigo y maestro.

Sarmiento: cambiar por decreto Si Alberdi llegó a estas instancias, hasta dónde no sería capaz de llegar Domingo Faustino Sarmiento, el loco genial, un hipertípico írrito, según definición de algún psiquiatra, que no temía gritar y golpear la madera de su banca de diputado porque “traigo los puños llenos de verdades”.
Sarmiento fue ante todo un educador, aún desde el libro o el periódico. Quiere salvar la civilización en el Plata y no encuentra la respuesta en su lengua. Juzga, sin más ni más, que el idioma castellano se ha convertido en un instrumento inútil que debe abandonarse. “España que anda a vueltas entre revoluciones y motines no le puede servir –explica Capdevila- ; acabemos entonces con España sostiene Sarmiento”. Y la da por muerta. Le parece que después de Cervantes ni el ingenio, ni el gusto, ni la novedad hallan lugar en la literatura de la Península. No hay nada que esperar de la lengua castellana. “Tenemos que ir a mendigar a las puertas del extranjero las luces que nos niega nuestro propio idioma”, vocifera el ilustre sanjuanino a quien la religión del progreso lo cuenta entre sus adeptos. Cree, desde sus dogmas,
que el español “se ha vuelto un dialecto inmanejable para la expresión de
las ideas”. En tal idioma muerto, España solo dejó para él un enorme
caudal de ignorancia. Bien quisiera, con su afán de “educar al soberano”
hallar otro modo de comunicación: “Hay lenguas gubernativas…El
castellano no es lengua de gobierno”. Y está seguro de que en el castellano
solamente hay palabras huecas, no ideas. “Agricultura en castellano,
geología en castellano, hablar de arcos y de inventos en castellano…¡un
diablo! Esta lengua es un viejo reloj herrumbroso que marca todavía el
siglo XVI. No dejará nunca de marcarlo”. Este es el mensaje de Sarmiento,
su febril obsesión, desde 1842 hasta 1870.

Fin de la exaltación utópica Casi contemporáneamente pero en otras latitudes, Guillermo de HUMBOLDT (1767-1835) ,en su ensayo “Las lenguas del Nuevo Continente”, se preocupó por el idioma donde –dice- “el alma de las
naciones encuentra su expresión más elevada”. En la referida obra opina también que “el pueblo disfruta de esa influencia benéfica y, además, diariamente se sirve de las mismas palabras y de las mismas frases, por cuyos recursos percibe el hombre ordinario matices más finos y guarda contacto con lo que, en muchos aspectos, se encuentra encima de él”. Para Humboldt el lenguaje es una forma de ascensión del pueblo “desde el fondo mismo de sus pensamientos y sentimientos”. Y no dudó en afirmar: “Uno de los cuidados más importantes de quienes dirigen la instrucción pública de un país es el de conservar el lazo del lenguaje, que es el medio que torna tan libre y fácil la comunicación entre las diferentes
clases de la sociedad”. Con euforia insiste sobre las lenguas: “Son compañeras de nuestros goces y alegrías, testigos fieles de los más secretos
movimientos de nuestra alma: las lenguas atraen hacia sí y una parte de
nuestra vida, la conservan y trasmiten y establecen una honda armonía
entre los que, aún en regiones distintas, pertenecen a una misma nación”.

Nuevamente bajo la Cruz del Sur, hallaremos que muchos autores
insistirán en sostener que tanto Echeverría como Sarmiento y otros,
llegaron a hablar de una lengua primitiva de los argentinos. Y sobre este
asunto explica Capdevila “no faltó durante larga época, la vaga creencia en
un idioma nacional, ya porque se le supusiera en formación, ya porque el
patriotismo condujese a desearlo”.
Al hacer con Capdevila un análisis retrospectivo de este
nacionalismo idiomático, hallamos la dificultad de definir cuáles serían las
ventajas si aceptáramos tal tesitura. Porque como advierte el autor a quien
seguimos en nuestra ponencia “si resulta legítima en la Argentina la
creación de una lengua, cerca de veinte lenguas debían formarse en la
América Española por análogo motivo y con igual derecho. Con lo que la
revolución americana vendría a resultar con el tiempo lo menos favorable a América, mal que mal solidaria. Habríase hecho un conglomerado de
naciones irreparablemente extrañas. Casi como cambiar un sistema
planetario por un momento turbión de cometas errantes…

América, España, hoy Los tiempos han cambiado muchos desde aquellas polémicas. El
mundo globalizado y los medios de comunicación electrónicos, así como
las nuevas autopistas informáticas permiten al hombre desde cualquier
lugar donde se encuentre, tomar contacto con sus semejantes, en cualquier
idioma, en forma inmediata. Internet fue la gran revolución que eliminó
fronteras de la comunicación y el conocimiento. El mundo se achicó y
hasta la Historia puede indagarse rápidamente en la pantalla de nuestra
computadora. Ya no buscamos el patriotismo en nuestro idioma.
Intentamos simplificar nuestros contactos lingüísticos y el idioma inglés
aporta una eficaz manera de lograrlo. La tecnología exige conocer estas
reglas y quien nos las comprende queda aislado del mundo y del futuro.
Pero ello no significa rechazar el idioma natal, con sus vivencias,
recuerdos, nostalgias, afectos y hasta luchas por la libertad. La voz de la
madre, el himno patriótico, el canto sagrado o la canción de los amantes

8seguirá en el tiempo y el espacio de nuestra existencia,latiendo con cada
pulsación, con cada nota musical… Como bien afirma Capdevila en frase que nos conmueve: “Hoy por hoy, todo puede ser sojuzgado en un pueblo , menos su idioma”. Claro
ejemplo de esta aseveración la ofrecen, entre otras comunidades, los
vascos,catalanes, puertorriqueños, irlandeses ,hispanos residentes en
Estados Unidos de Norteamérica y en esta instancia bélica los ucranianos.
Según estadísticas actuales los hispanoparlantes en EE-UU,superan el 20%
de su población y son muchas las escuelas que tienen al español como
segunda lengua a impartir en su currícula.
Capdevila no duda en señalar que “el idioma es un fenómeno espiritual lleno de sorpresas ; lo que suele cambiar con el tiempo no es la
lengua sino el lenguaje; no es el idioma sino su timbre, si podemos hablar
así”.
Por su parte, Jorge Luis Borges, en sus inquisiciones sobre “El
idioma de los argentinos”, no llega a señalar otra cosa que una diferencia
de tono entre el lenguaje familiar hablado porteño y el español. “No hemos
variado el sentido intrinseco de las palabras, pero sí su connotación en lo
que mira a las emociones”.
De allí que con sus 61 años a cuesta –apagados los ardores
hispanofóbicos- Alberdi debió reconocer que en España y América “el
idioma será el mismo en el fondo” (Cambours Ocampo, Arturo
“Lenguaje y Nación”). Y el propio Sarmiento, cuando ejerció la
Presidencia de la Nación Argentina, dispuso que la enseñanza por
profesores extranjeros debía corresponder a “españoles de la Península”.
En 2004 , el Congreso de la Lengua española que tuvo lugar en la
ciudad de Rosario, Argentina, presidido por los Reyes de España y
enmarcado por el ardoroso fervor de cientos de escritores hispanoamericanos, confirmó las conclusiones de Alberdi y Sarmiento,
luego de años de bizantinas discusiones entre los argentinos.


Porteñismos, lunfardos y otras yerbas Probablemente haya pocos procesos tan dinámicos como el lenguaje tan proclives a abrevar de distintas fuentes, a veces enriqueciéndose, otras perdiendo su valiosa esencia.

Argentina, crisol de razas, puerta abierta las más diferentes etnias, fue siempre un aglutinante de costumbres, modas, lenguas y
creencias. De esa extraña conjunción –descontando los regionalismo de un
territorio enorme- surgieron palabras nuevas, creaciones insólitas
provenientes de una Europa de post guerra o de códigos nacidos a la
sombra de hábitos carcelarios: los del lunfardo porteño consagrados en el
ritmo del tango.
Además, los medios de comunicación masivos, por buenas o malas
razones, han caído siempre en la deformación del lenguaje en general, y de
nuestro idioma en particular .La propaganda política también ha
contribuído a su deterioro y la invasión del lenguaje soez o de
connotaciones de sexo desorbitado han contribuído a la violencia del
lenguaje cotidiano. Resulta extraño observar hoy en las pantallas
televisivas ,a un político que no insulte o a un artista y hasta un periodista
que no considere gracioso proferir alguna grosería u obscenidad.
Mas,son los jóvenes quienes expanden estas sombras sobre nuestro
querido y rico idioma español, al utilizar el lenguaje de la
drogadependencia.Las palabras son disparadas como proyectiles e
impactan en los niños, que ya no reconocerán más lenguaje que el de la
violencia.Ya nadie lee. Y quien no lee no sabrá escribir.Sumado a este
panorama de ignorancia y paupérrimas expresiones idiomáticas, surgió la
moda impuesta por un sector del Estado de “hablar en inclusivo”,
pretendido así incluir a supuestas minorías víctimas de discriminación por
su elección sexual, en palabras que reemplazan la “a” y la “o” por la letra
“e”.Una situación forzada y ridícula, como si el crecimiento y
enriquecimiento del lenguaje pudiera lograrse por decreto ,sin la lógica
decantación que a través de los años hacen los pueblos.
Dialogar es cada vez más difícil para padres y maestros con sus hijos
o alumnos. Estamos ,dolorosamente, contemplando la caída de nuestra

educación , el colapso de nuestra cultura junto con la de nuestra economía.
Pero Argentina no puede ni debe caer. Porque siempre fue un reservorio de
la cultura de América Hispana y esa característica es la que le dio prestigio
ante la Historia. Hemos tenido magníficos escritores, grandes periodistas,
maestros de renombre, medios de comunicación reconocidos
mundialmente… No debemos distraernos. Porque si seguimos luchando
contra molinos de viento que nos colocan para tapar los verdaderos valores
de nuestra cultura, habremos perdido la batalla final…
Resulta notable observar, que muchos jóvenes y no tan jóvenes
prefieran lacerarse la piel con tatuajes, grafismos y palabras, antes que
intentar escribir sobre un papel o una pantalla de computadora. Inclusive,a
riesgo de no poder borrarlos en el futuro o arriesgarse a patologías severas
a causa de esas tintas de extrañas procedencias.
Quien esto escribe, docente, periodista y escritora, es decir orfebre de
las palabras, amante de los signos y devota del idioma español, teme que
las nuevas generaciones dejen arrebatarse el idioma, por estúpidos
populismos y vanas consignas.
Hemos seguido el pensamiento de Arturo Cappdevila, quien fuera un
magnífico escritor y profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de
la Educación, así como docente de la primera Escuela de Periodismo
fundada por el Círculo de Periodismo de la Provincia de Buenos Aires, en
la Cátedra de Periodismo Argentino entre 1820 y 1930. Con él queremos
dejar flotando en este maravilloso cielo hispanoamericano, su magistral
diagnóstico formulado hace 75 años, que esperamos que sea certero, por el
bien de nuestra Patria:
“Desnuda verdad de nuestros días: no cuenta la América Española con otra unidad que la del idioma común. La unidad religiosa no tiene ninguna eficacia actual (ni existe), y en cuanto a la unidad del régimen político, muchos de sus pueblos han renegado del inmenso bien de la Democracia, ya que la dejaron ofender y profanar por menguados tiranuelos. No queda más que el idioma.” Y asevera”

con la poética certeza del patriota: “Por el idioma común puede volverse
aún hermosamente solidario el destino de América”.

Lic. Elsa Cristina Bustos

Obras citadas:
CAPDEVILA, Arturo.- “Babel y el Castellano”.- Ed. Losada S.A. Buenos
Aires, 1945, 2da.edición.
BUSTOS, Elsa Cristina.- “La Pulsión de la Censura”.-Ed.CID-Diario del
Viajero.-Bs.As.,1994
CAMBOURS OCAMPO, Arturo.- “Lenguaje y Nación”.-Ed-Marymar.-
Bs.AS..1983
BORGES, Jorge Luis .- “El idioma de los Argentinos”.- Bs.As.,1928
(Cit.por Cambours Ocampo)
HUMBOLDT,Guillermo de .-“Las lenguas del nuevo Continente” (1767-
1835)- Art.periodístico Diario “El Día”, de La Plata.
-Academia Argentina de Letras-“Diccionario del Habla de los
Argentinos” -“ La Nación” S.A.Espasa/ Calpe.-Grupo Editorial Planeta
2003-2004.
-Material periodístico de archivo profesional propio.
-Investigación de campo de la autora en Ecuador.-Curso de post grado del
CIESPAL (Quito, 1973).- UNESCO

EL ORGULLO DE HABLAR ESPAÑOL

(Ensayo)

(Premio “Gente de Letras” (2005)

(Un acercamiento a “Babel y el Castellano”, de Arturo Capdevila)

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En su libro “Babel y el Castellano”, editado en Buenos Aires en 1945, Arturo

CAPDEVILA , maestro de las letras argentinas y quien fuera en vida docente preclaro

de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional

de La Plata, entre otros muchos méritos desconocidos por las nuevas generaciones de

escritores, afirma que “nunca pude en rueda de españoles e hispanoamericanos, dejar de

sentir una honda emoción de fraternidad”. Y subraya que en aquellos grupos ninguno

hablaba el castellano por imposición tiránica u otra humillante necesidad, “todos –dice-

en absoluta certeza, lo teníamos por propio, íntimo y muy legítimo bien”.

Años atrás, en 1973, con el beneficio de una beca de Aktion Adveniat

(Alemania) pude acceder al posgrado del CIESPAL (Centro Internacional de Estudios

Superiores de Periodismo y Comunicación Social de América Latina), en Quito,

Ecuador, y captar una dolorosa realidad lingüística mediante una batería de encuestas

formuladas por los profesores de UNESCO, de quienes depende ese Centro y realizadas

por todos los integrantes de nuestro XIV Curso.

No resulta estéril rememorar aquella experiencia en estas nuevas coordenadas de

tiempo y espacio para acercarme más al ideario del Maestro Capdevila, como lo registré

en alguna de mis anteriores publicaciones. (BUSTOS, Elsa Cristina “La pulsión de la

censura”, Ed.CID, Bs.As.1994).

– “¿Usted es blanco o natural’

– “Natural, patronita, natural”.

– “Y que idioma le gustaría que aprendieran sus hijos? ¿Español o quechua?”

– “¡Inglés, patronita, inglés!”

Aquel diálogo a más de 3000 metros de altura nos dejó más helados que el viento

cordillerano. Estábamos en la provincia de Imbabura, Ecuador, realizando una

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investigación ideada por UNESCO-CIESPAL sobre el efecto de los medios de

comunicación masiva en áreas marginadas de distintos centros urbanos artesanales, en

este caso la ciudad de Otavalo.

La encuesta fue descubriendo entre aquellos vericuetos montañeses que

conducen a pétreas y blancas viviendas de tejedores de ponchos multicolores de lana

cardada a mano y tinturas de ignotas recetas vegetales, donde no permiten el acceso a

los agentes del Censo gubernamental, “porque no nos gusta que nos cuenten como a los

animales”, resultados tan insólitos como alarmantes.

“¿Qué estudios ha realizado?”, preguntamos a través de nuestro intérprete-guía,

un maestro de habla quechua, a jóvenes y adultos de edades indefinidas.

La respuesta era siempre la misma. “Seis años de “escuela blanca”, mi reina”

¡Seis años de escuela primaria en español! Sin embargo, esa gente había olvidado -¿o

borrado?- todos sus conocimientos de ese idioma, para volver a hablar en su idioma

natal, el quechua, mientras soñaban con que sus hijos aprendieran inglés para comerciar

sus tejidos con “los gringos”, esos turistas que tenían los mágicos y poderosos dólares

que los deslumbraban.

Los resultados de la investigación registraron la verdad comunicacional de

aquella población: todas las familias poseían equipos de radiofonía de última

generación, pero ninguno de sus integrantes supo contestar nunca qué escuchaba en

ellos. Solo contestaban “música”, “deportes” o “noticias”, sin poder definir cuál tipo de

música, deportes o noticias eran esos. Como tampoco el nombre de su país o los colores

de la bandera nacional aprendidos en la escuela.Y pudimos enterarnos que se dieron

casos de mutismo selectivo en algunos niños, presionados entre las expresiones de su

lengua natal y “la de los blancos”.

La conclusión es sencilla: en un mundo abrumado por el exceso de información,

esa comunidad ecuatoriana, como tantas de Hispanoamérica, permanecía en la más

completa y dolorosa desinformación, no por carencia de instrumentos de comunicación

social sino por fallas en el mensaje recibido y su código de transmisión: el idioma.

Con esta experiencia y posteriores estudios, proclamo mi orgullo y alegría de

pertenecer a la gran comunidad hispanoparlante y manifiesto la convicción de que a

través de nuestro idioma común, será posible establecer lazos indestructibles de

fraternidad y solidaridad entre las naciones que la componen. Provista de esta tesitura,

intentaré seguir al Maestro CAPDEVILA para historiar los avatares del idioma

castellano en Argentina, hasta arribar a esta etapa de globalización, consumismo y

transculturización.

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Amor controvertido

Las guerras de la Independencia dejaron un amargo resabio

colonialista en los criollos de fines del siglo XIX. No había líder político,

militar o religiosos, que no manejara con igual soltura y bravía actitud,

tanto la espada como la pluma. Todos o casi todos, fueron periodistas,

habida cuenta de que el periódico era el único medio para dirigirse a grupos

sociales mayoritarios, y se dio en Buenos Aires hasta la increíble

circunstancia de que el periódico oficial -”La Gazeta”- polemizara consigo

mismo, según el director que lo rigiese cada semana.

Claro está, que el periodismo de entonces no podía dejar de ser

combativo y hasta sedicioso, porque el clima tórrido de las pasiones

políticas no hubiera dejado cabida a la idea de “objetividad informativa”,

implantada años después por las corrientes del liberalismo. Mas pese al

resentimiento con la Vieja Madre Patria “castradora y tiránica”, todos los

comentarios, críticas, panfletos o simples hojas clandestinas, estaban

escritas en idioma español y no en dialectos o regionalismos de algunas

provincias integrantes de la Confederación, ya que los próceres de nuestra

tierra se habían nutrido de las enseñanzas de las más selectas universidades

de España, o de las de Charcas y de Chuquisaca primero, y de Córdoba o

Buenos Aires después, en las que la lengua de Cervantes constituía un

ineludible y venerado modo de comunicación.

Al decir de Capdevila, “la literatura crepitó mezclada con la pólvora”

y estoy en condiciones de aseverar, que la literatura argentina nunca dejó

de demostrar esta especial característica. Porque está plena de ejemplos de

valentía y resistencia ante los reiterados ataques a la libertad de expresión o

al avasallamiento de cualquier otro derecho humano. La pólvora nunca se

humedeció con lágrimas de cobardía o resignación y las bocas de los

cañones rugieron al igual que las vetustas máquinas impresoras escondidas

en sótanos tan profundos como el sentimiento patriótico de quienes las

manejaban.

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Superficialidad hispanofóbica

Recuerda el maestro a quien seguimos, que “es necesario para el

apaciguamiento un ambiente de mucho olvido; es necesario que ningún

soplo inoportuno desnude a la brasa de su lenta ceniza”. Y en América

hubo frecuentes ráfagas, intervenciones poco hábiles de España en el

Pacífico “y ese inacabable relampagueo hacia el lado de Cuba, que

renovaban la atmósfera de la mal pasada tormenta”. Así, rememora sus

nueve años de edad en su Córdoba natal, cuando desenvainó su habitual

espada –obviamente de lata- contra un distinguido caballero español, al

grito de “¡Cuba libre!”.

Los intelectuales del siglo XIX sufrían de hispanofobia. Mal que no

solo afectaba a su visión de España sino también a todos sus productos,

especialmente su idioma. Entre ellos, sin duda, los que más se ensañaron

fueron Sarmiento y Alberdi, que llegaron hasta la blasfemia y el deseo de

orfandad buscando en otras lenguas donde abrevar su modo de discurso.

Alberdi proclama. “Es evidente que aún conservamos infinitos restos

del régimen colonial…ya que los españoles nos habían dado el despotismo

en sus costumbres oscuras y miserables”. En cuanto al castellano, afirma

casi axiomáticamente que “es una lengua que nuestra patria no quiere

hablar”. Su pensamiento no acepta la realidad de la emancipación política y

la continuidad del colonialismo literario. Y sin darse cuenta del peligro de

su movimiento pendular impulsado por el frenesí de su juventud, agrega:

“En las calles de Buenos Aires circula un castellano modificado por el

pueblo porteño, que algunos escritores argentinos, no parecidos en esto a

Dante, desdeñan por el castellano de Madrid”. E insiste que es ésta “una

lengua de la mayor perfección filosófica…”(…) “aproximarnos a esta

forma por las imitaciones francesas es acercarse a la perfección de nuestra

lengua” (…) “ y llegar a imitar a una lengua perfecta es imitar un

pensamiento perfecto”.

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Pero sin duda Alberdi representa lo que Capdevila llama “la

izquierda echeverriana”, pues fue Esteban Echeverría quien comenzó a

ahondar en esta materia con mayor equilibrio que el autor de las “Bases”.

Su voz sonó firme sobre el Río de la Plata: “No nos hallamos dispuestos a

imitar imitaciones ni a buscar en España ni en nada español el principio

engendrador de nuestra literatura que España no tiene ni puede darnos”. Tal

aseveración debe entenderse dentro de un claro contexto: los americanos

aceptan de España el legado de su idioma, más a condición de mejorarlo,

de transformarlo progresivamente hasta la emancipación. Por ello

Echeverría recomienda no adulterar “con postizas y exóticas formas su

índole y esencia, ni despojarlo de los atavíos que le son característicos”. Y

de allí sostiene Capdevila, que la doctrina de Alberdi no fue sino la

interpretación exaltada de los postulados de su amigo y maestro.

Sarmiento: cambiar por decreto

Si Alberdi llegó a estas instancias, hasta dónde no sería capaz de

llegar Domingo Faustino Sarmiento, el loco genial, un hipertípico írrito,

según definición de algún psiquiatra, que no temía gritar y golpear la

madera de su banca de diputado porque “traigo los puños llenos de

verdades”.

Sarmiento fue ante todo un educador, aún desde el libro o el

periódico. Quiere salvar la civilización en el Plata y no encuentra la

respuesta en su lengua. Juzga, sin más ni más, que el idioma castellano se

ha convertido en un instrumento inútil que debe abandonarse. “España que

anda a vueltas entre revoluciones y motines no le puede servir –explica

Capdevila- ; acabemos entonces con España sostiene Sarmiento”. Y la da

por muerta. Le parece que después de Cervantes ni el ingenio, ni el gusto,

ni la novedad hallan lugar en la literatura de la Península. No hay nada que

esperar de la lengua castellana.

“Tenemos que ir a mendigar a las puertas del extranjero las luces que

nos niega nuestro propio idioma”, vocifera el ilustre sanjuanino a quien la

6

religión del progreso lo cuenta entre sus adeptos. Cree, desde sus dogmas,

que el español “se ha vuelto un dialecto inmanejable para la expresión de

las ideas”. En tal idioma muerto, España solo dejó para él un enorme

caudal de ignorancia. Bien quisiera, con su afán de “educar al soberano”

hallar otro modo de comunicación: “Hay lenguas gubernativas…El

castellano no es lengua de gobierno”. Y está seguro de que en el castellano

solamente hay palabras huecas, no ideas. “Agricultura en castellano,

geología en castellano, hablar de arcos y de inventos en castellano…¡un

diablo! Esta lengua es un viejo reloj herrumbroso que marca todavía el

siglo XVI. No dejará nunca de marcarlo”. Este es el mensaje de Sarmiento,

su febril obsesión, desde 1842 hasta 1870.

Fin de la exaltación utópica

Casi contemporáneamente pero en otras latitudes, Guillermo de

HUMBOLDT (1767-1835) ,en su ensayo “Las lenguas del Nuevo

Continente”, se preocupó por el idioma donde –dice- “el alma de las

naciones encuentra su expresión más elevada”.

En la referida obra opina también que “el pueblo disfruta de esa

influencia benéfica y, además, diariamente se sirve de las mismas palabras

y de las mismas frases, por cuyos recursos percibe el hombre ordinario

matices más finos y guarda contacto con lo que, en muchos aspectos, se

encuentra encima de él”.

Para Humboldt el lenguaje es una forma de ascensión del pueblo

“desde el fondo mismo de sus pensamientos y sentimientos”. Y no dudó en

afirmar: “Uno de los cuidados más importantes de quienes dirigen la

instrucción pública de un país es el de conservar el lazo del lenguaje, que es

el medio que torna tan libre y fácil la comunicación entre las diferentes

clases de la sociedad”. Con euforia insiste sobre las lenguas: “Son

compañeras de nuestros goces y alegrías, testigos fieles de los más secretos

movimientos de nuestra alma: las lenguas atraen hacia sí y una parte de

nuestra vida, la conservan y trasmiten y establecen una honda armonía

entre los que, aún en regiones distintas, pertenecen a una misma nación”.

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Nuevamente bajo la Cruz del Sur, hallaremos que muchos autores

insistirán en sostener que tanto Echeverría como Sarmiento y otros,

llegaron a hablar de una lengua primitiva de los argentinos. Y sobre este

asunto explica Capdevila “no faltó durante larga época, la vaga creencia en

un idioma nacional, ya porque se le supusiera en formación, ya porque el

patriotismo condujese a desearlo”.

Al hacer con Capdevila un análisis retrospectivo de este

nacionalismo idiomático, hallamos la dificultad de definir cuáles serían las

ventajas si aceptáramos tal tesitura. Porque como advierte el autor a quien

seguimos en nuestra ponencia “si resulta legítima en la Argentina la

creación de una lengua, cerca de veinte lenguas debían formarse en la

América Española por análogo motivo y con igual derecho. Con lo que la

revolución americana vendría a resultar con el tiempo lo menos favorable a

América, mal que mal solidaria. Habríase hecho un conglomerado de

naciones irreparablemente extrañas. Casi como cambiar un sistema

planetario por un momento turbión de cometas errantes…

América, España, hoy

Los tiempos han cambiado muchos desde aquellas polémicas. El

mundo globalizado y los medios de comunicación electrónicos, así como

las nuevas autopistas informáticas permiten al hombre desde cualquier

lugar donde se encuentre, tomar contacto con sus semejantes, en cualquier

idioma, en forma inmediata. Internet fue la gran revolución que eliminó

fronteras de la comunicación y el conocimiento. El mundo se achicó y

hasta la Historia puede indagarse rápidamente en la pantalla de nuestra

computadora. Ya no buscamos el patriotismo en nuestro idioma.

Intentamos simplificar nuestros contactos lingüísticos y el idioma inglés

aporta una eficaz manera de lograrlo. La tecnología exige conocer estas

reglas y quien nos las comprende queda aislado del mundo y del futuro.

Pero ello no significa rechazar el idioma natal, con sus vivencias,

recuerdos, nostalgias, afectos y hasta luchas por la libertad. La voz de la

madre, el himno patriótico, el canto sagrado o la canción de los amantes

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seguirá en el tiempo y el espacio de nuestra existencia,latiendo con cada

pulsación, con cada nota musical…

Como bien afirma Capdevila en frase que nos conmueve: “Hoy por

hoy, todo puede ser sojuzgado en un pueblo , menos su idioma”. Claro

ejemplo de esta aseveración la ofrecen, entre otras comunidades, los

vascos,catalanes, puertorriqueños, irlandeses ,hispanos residentes en

Estados Unidos de Norteamérica y en esta instancia bélica los ucranianos.

Según estadísticas actuales los hispanoparlantes en EE-UU,superan el 20%

de su población y son muchas las escuelas que tienen al español como

segunda lengua a impartir en su currícula.

Capdevila no duda en señalar que “el idioma es un fenómeno

espiritual lleno de sorpresas ; lo que suele cambiar con el tiempo no es la

lengua sino el lenguaje; no es el idioma sino su timbre, si podemos hablar

así”.

Por su parte, Jorge Luis Borges, en sus inquisiciones sobre “El

idioma de los argentinos”, no llega a señalar otra cosa que una diferencia

de tono entre el lenguaje familiar hablado porteño y el español. “No hemos

variado el sentido intrinseco de las palabras, pero sí su connotación en lo

que mira a las emociones”.

De allí que con sus 61 años a cuesta –apagados los ardores

hispanofóbicos- Alberdi debió reconocer que en España y América “el

idioma será el mismo en el fondo” (Cambours Ocampo, Arturo

“Lenguaje y Nación”). Y el propio Sarmiento, cuando ejerció la

Presidencia de la Nación Argentina, dispuso que la enseñanza por

profesores extranjeros debía corresponder a “españoles de la Península”.

En 2004 , el Congreso de la Lengua española que tuvo lugar en la

ciudad de Rosario, Argentina, presidido por los Reyes de España y

enmarcado por el ardoroso fervor de cientos de escritores

hispanoamericanos, confirmó las conclusiones de Alberdi y Sarmiento,

luego de años de bizantinas discusiones entre los argentinos.

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Porteñismos, lunfardos y otras yerbas

Probablemente haya pocos procesos tan dinámicos como el lenguaje

tan proclives a abrevar de distintas fuentes, a veces enriqueciéndose, otras

perdiendo su valiosa esencia.

Argentina, crisol de razas, puerta abierta las más diferentes

etnias, fue siempre un aglutinante de costumbres, modas, lenguas y

creencias. De esa extraña conjunción –descontando los regionalismo de un

territorio enorme- surgieron palabras nuevas, creaciones insólitas

provenientes de una Europa de post guerra o de códigos nacidos a la

sombra de hábitos carcelarios: los del lunfardo porteño consagrados en el

ritmo del tango.

Además, los medios de comunicación masivos, por buenas o malas

razones, han caído siempre en la deformación del lenguaje en general, y de

nuestro idioma en particular .La propaganda política también ha

contribuído a su deterioro y la invasión del lenguaje soez o de

connotaciones de sexo desorbitado han contribuído a la violencia del

lenguaje cotidiano. Resulta extraño observar hoy en las pantallas

televisivas ,a un político que no insulte o a un artista y hasta un periodista

que no considere gracioso proferir alguna grosería u obscenidad.

Mas,son los jóvenes quienes expanden estas sombras sobre nuestro

querido y rico idioma español, al utilizar el lenguaje de la

drogadependencia.Las palabras son disparadas como proyectiles e

impactan en los niños, que ya no reconocerán más lenguaje que el de la

violencia.Ya nadie lee. Y quien no lee no sabrá escribir.Sumado a este

panorama de ignorancia y paupérrimas expresiones idiomáticas, surgió la

moda impuesta por un sector del Estado de “hablar en inclusivo”,

pretendido así incluir a supuestas minorías víctimas de discriminación por

su elección sexual, en palabras que reemplazan la “a” y la “o” por la letra

“e”.Una situación forzada y ridícula, como si el crecimiento y

enriquecimiento del lenguaje pudiera lograrse por decreto ,sin la lógica

decantación que a través de los años hacen los pueblos.

Dialogar es cada vez más difícil para padres y maestros con sus hijos

o alumnos. Estamos ,dolorosamente, contemplando la caída de nuestra

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educación , el colapso de nuestra cultura junto con la de nuestra economía.

Pero Argentina no puede ni debe caer. Porque siempre fue un reservorio de

la cultura de América Hispana y esa característica es la que le dio prestigio

ante la Historia. Hemos tenido magníficos escritores, grandes periodistas,

maestros de renombre, medios de comunicación reconocidos

mundialmente… No debemos distraernos. Porque si seguimos luchando

contra molinos de viento que nos colocan para tapar los verdaderos valores

de nuestra cultura, habremos perdido la batalla final…

Resulta notable observar, que muchos jóvenes y no tan jóvenes

prefieran lacerarse la piel con tatuajes, grafismos y palabras, antes que

intentar escribir sobre un papel o una pantalla de computadora. Inclusive,a

riesgo de no poder borrarlos en el futuro o arriesgarse a patologías severas

a causa de esas tintas de extrañas procedencias.

Quien esto escribe, docente, periodista y escritora, es decir orfebre de

las palabras, amante de los signos y devota del idioma español, teme que

las nuevas generaciones dejen arrebatarse el idioma, por estúpidos

populismos y vanas consignas.

Hemos seguido el pensamiento de Arturo Cappdevila, quien fuera un

magnífico escritor y profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de

la Educación, así como docente de la primera Escuela de Periodismo

fundada por el Círculo de Periodismo de la Provincia de Buenos Aires, en

la Cátedra de Periodismo Argentino entre 1820 y 1930. Con él queremos

dejar flotando en este maravilloso cielo hispanoamericano, su magistral

diagnóstico formulado hace 75 años, que esperamos que sea certero, por el

bien de nuestra Patria:

“Desnuda verdad de nuestros días: no cuenta la América

Española con otra unidad que la del idioma común. La unidad

religiosa no tiene ninguna eficacia actual (ni existe), y en cuanto a la

unidad del régimen político, muchos de sus pueblos han renegado del

inmenso bien de la Democracia, ya que la dejaron ofender y profanar

por menguados tiranuelos. No queda más que el idioma.” Y asevera”

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con la poética certeza del patriota: “Por el idioma común puede volverse

aún hermosamente solidario el destino de América”.

Lic. Elsa Cristina Bustos

Obras citadas:

CAPDEVILA, Arturo.- “Babel y el Castellano”.- Ed. Losada S.A. Buenos

Aires, 1945, 2da.edición.

BUSTOS, Elsa Cristina.- “La Pulsión de la Censura”.-Ed.CID-Diario del

Viajero.-Bs.As.,1994

CAMBOURS OCAMPO, Arturo.- “Lenguaje y Nación”.-Ed-Marymar.-

Bs.AS..1983

BORGES, Jorge Luis .- “El idioma de los Argentinos”.- Bs.As.,1928

(Cit.por Cambours Ocampo)

HUMBOLDT,Guillermo de .-“Las lenguas del nuevo Continente” (1767-

1835)- Art.periodístico Diario “El Día”, de La Plata.

-Academia Argentina de Letras-“Diccionario del Habla de los

Argentinos” -“ La Nación” S.A.Espasa/ Calpe.-Grupo Editorial Planeta

2003-2004.

-Material periodístico de archivo profesional propio.

-Investigación de campo de la autora en Ecuador.-Curso de post grado del

CIESPAL (Quito, 1973).- UNESCO

Entrega de premios concurso Dardo Rocha

Este 19 de noviembre, en los 139 años de la Ciudad de La Plata, se entregaron los Premios del Concurso Crónica Periodística y Ensayo sobre Vida y Obra del Dr Dardo Rocha a 100 años de su fallecimiento.

El certamen fue impulsado por el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires con el auspicio de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Colegio de Abogados de La Plata, el Museo y Archivo Dardo Rocha de la Municipalidad de La Plata y la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de La Plata. 

Los premios del Concurso en homenaje al ex Gobernador Bonaerense y fundador de la Ciudad de La Plata, fueron entregados en una ceremonia con protocolos, en su casa platense devenida hace décadas en Museo.

LOS PREMIADOS 

En la oportunidad recibieron los premios, que consistieron en diplomas y medallas::

Ensayo: 1ro Título: Dardo Rocha: Su pensamiento. Relación con el espíritu de su tiempo y la obra realizada. Reflexiones. Autora: Maria Antonia Conti; 2do título: La Capitalidad como rasgo no conmemorado en la Ciudad de La Plata. Autor: Fernando Miguel Font; 3ro título: Relación Roca-Rocha. Autor Adolfo M. Blanco. Menciones especiales: Título: El hacedor de Sueños. Autor: Juan Carlos Cellerino; título: Varias veces señalado como el responsable de una “supuesta maldición”. Autora:Giuliana Marlene Ledesma; título: Dardo Rocha: Querer es Poder. Autor: Esteban Casas.

Crónica Periodística: 1ro Título: Dardo Rocha: El primer gran educador de la ciudad. autor: Damián Ezequiel Sosa; 2do Título: Dardo Rocha: Un repaso de su vida. Autor: Roberto G. Abrodos; 3ro Título: Crónica de una vida Feliz, humano como todos, idealista como pocos. Autores: Sofía Luján Mendieta Caro, Malena Luján, Ramírez, Alberto Luciano, Quiroga Pugens; Menciones especiales: Título: La Maldición de los Gobernadores. Autor: Alejandro Castañeda; título: Dardo Rocha, Unidad y Pensamiento en Acción. Autor: Omar Barale; título: Dr. Dardo Rocha y Arana. Sus recuerdos. Autora: María Cristina Espinosa Correa. 

Cabe destacar que todos los participantes del concurso recibieron diploma por haber intervenido en el mismo.

COMITÉ ORGANIZADOR 

El Comité Organizador, que comenzó con las actividades a comienzos de año, estuvo integrado de la siguiente manera: Eduardo Tucci, presidente del Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires; Dr. Hernán Colli, que comenzó mientras fue presidente del Colegio de Abogados de La Plata, luego reemplazado por la actual presidenta Dra Rosario Sánchez, quien estuvo representada por la Consejera Dra. Mariana Manso; Dr. Alfredo Brunetti, en representación de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP); Mus. Susana Scorians, en representación del Museo Dardo Rocha y Archivo de la Municipalidad de La Plata; y Alberto Alba, presidente de la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de La Plata.   La Coordinación del Comité Organizador estuvo a cargo del vicepresidente del Círculo Periodistas, Hugo Mársico; siendo el nexo del Comité Organizador y el Jurado. Alejandro Carranza Di Biasi del Colegio de Abogados. También se encontraba presente Daniel Meza del Museo Rocha.

JURADO

El Jurado que tuvo a su cargo la selección de los trabajos estuvo coordinado por el Lic. Guillermo Cavia e integrado por los representantes de las distintas entidades: Augusto Recordón, Martín Castagnet, Jorge Troisi, Mario Cajade, Claudio Gómez , Alcides Aguirre , María Mercedes Gallardo, Laura Romoli, Solange Nugoli, Cora Jaureguilorda.

El Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires presenta a las personas concursantes que fueron premiadas en el Concurso Dardo Rocha.

a convocatoria de homenaje al ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires y fundador de la Ciudad de La Plata fue realizada por el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires, con el auspicio de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), el Colegio de Abogados de La Plata, el Museo Dardo Rocha dependiente de la Municipalidad de La Plata y la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de La Plata.

El siguiente es el listado de nombres de quienes obtuvieron premios en el Concurso de Crónica Periodística y Ensayo sobre Dardo Rocha a 100 años de su fallecimiento.

Ellos son:

Ensayo

1 TÍTULO: Dardo Rocha: Su pensamiento. Relación con el espíritu de su tiempo y la obra realizada. Reflexiones. AUTORA: Maria Antonia Conti.

2 TÍTULO: La Capitalidad como rasgo no conmemorado en la Ciudad de La Plata. AUTOR: Fernando Miguel Font.

3 TITULO: Relación Roca-Rocha. AUTOR: Adolfo M. Blanco.

Menciones especiales:

1TITULO: El hacedor de Sueños. AUTOR: Juan Carlos Cellerino.

2 TITULO: Varias veces señalado como el responsable de una “supuesta maldición” AUTORA: Giuliana Marlene Ledesma.

3 TÍTULO: Dardo Rocha: Querer es Poder. AUTOR: Esteban Casas.

Crónica Periodística:

1 TITULO: El primer gran educador de la ciudad. AUTOR: Damián Ezequiel Sosa.

2 TÍTULO: Dardo Rocha: Un repaso de su vida. AUTOR: Roberto G. Abrodos.

3 TÍTULO: Crónica de una vida Feliz, humano como todos, idealista como pocos. AUTOTES: Sofía Luján, Mendieta Caro, Malena Luján, Ramírez, Alberto Luciano, Quiroga Pugens.

Menciones especiales:

1 TITULO: La Maldición de los Gobernadores. AUTOR: Alejandro Castañeda.

2 TITULO: Dardo Rocha, Unidad y Pensamiento en Acción. AUTOR: Omar Barale.

3 TÍTULO: Dr. Dardo Rocha y Arana. Sus recuerdos. AUTORA: María Cristina Espinosa Correa.

Además todos los participantes recibirán un diploma por haber sido parte del concurso.

JURADO
Coordinador: Licenciado Guillermo Cavia.
Miembros: Augusto Recordón, Martín Castagnet, Jorge Troisi, Mario Cajade, Claudio Gómez , Alcides Aguirre , María Mercedes Gallardo, Laura Romoli, Solange Nugoli, Cora Jaureguilorda.

La entrega de premios será de manera presencial, en forma a determinar por protocolo por pandemia, el viernes 19 de noviembre, a las 19,30 horas, en el Museo y Archivo Dardo Rocha, de calle 50 Nº 933 entre 13 y 14, de La Plata Ver menos

El Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires recordó la obra del Padre Carlos Cajade

El Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires recordó la obra del Padre Carlos Cajade, el cura de los chicos de la calles, en este mes de su cumpleaños 71.
A través de una charla por la plataforma Zoom, que ofreció Mario Cajade, hermano del sacerdote y miembro de la institución, se dieron a conocer aspectos de la vida familiar, anécdotas y momentos de muchísima emoción.
La apertura del encuentro estuvo a cargo del presidente del Círculo, Eduardo Tucci y la moderación a cargo del vicepresidente, Hugo Mársico.

LA PELOTA SE QUEDO SIN SU MEJOR AMIGO

Por Eduardo Tucci * Ya nada será igual. Se fue el más grande de todos. La pelota acaba de quedarse sin su mejor amigo. A todos los que hemos tenido la fortuna de verlo en acción nos quedarán guardados las mayores muestras de virtuosismo, desenfado, coraje y picardía al servicio de un juego que él siempre tomó como tal. Nos hizo que sintiéramos a la Selección de manera diferente porque no hubo para nuestro equipo nacional momento de mayor gloria que cuando Maradona se puso la número 10. Desafió todas las adversidades, agrandando su imagen en las paradas más bravas. Los Mundiales con Diego fueron otra cosa y quedaron para el recuerdo miles de imágenes que lo certifican. La fuego sagrado en México, la magia en Italia. El fervor en Nápoles. El cariño de Argentinos Júniors que lo lanzó al ruedo mayor cuando era un pibito. La idolatría de Boca. Todo el amor en Argentina que quedó absolutamente demostrado en los últimos meses cuando llegó con Gimnasia a cualquier escenario de nuestro país. Nos llenó de logros, nos hizo vibrar como nadie con actuaciones memorables. El potrero fue su cuna y el mundo su casa. Dio la vuelta al mundo mil veces y su apellido siempre fue sinónimo del país. Diego Maradona tenía identidad de “pasaporte argentino”. Reyes, papas, príncipes, presidentes de países, primeros ministros, jeques y emires quisieron tener su foto con el 10. Tanta idolatría se la ganó a pura gambeta, desafiando a los más poderosos, sumando hazañas. El vértigo y la adrenalina siempre fueron sus compañeros de ruta. Como dijo alguna vez «Cuando era chico, de una patada en el culo me subieron a la cima de una montaña y nadie me dijo cómo sobrevivir ahí». Y ese fue el denominador común de su electrizante carrera. El pueblo futbolero ha estado por estas horas más acongojado que nunca lo que está marcando la dimensión que alcanzó el ídolo que ha sabido conectarse en todo este tiempo con la vibra más íntima del hincha. Fue y es el mejor de todos. Un ganador nato que resultó ingobernable pero grandioso. Constructor de las epopeyas más grandes le puso su sello a los mejores momentos que hemos tenido en el fútbol criollo. Fue el depositario de un fervor único que derivó en una pasión de connotaciones místicas. Gestor de una época de glorias deportivas que llevan su marca registrada. Diego fue único, inimitable, incomparable. Por todo esto y mucho más, ya nada será igual.* Presidente del Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires.