Acuerdo de Cooperación entre el Círculo de Periodistas de la Provincia y FEMEBA

El convenio tiene, entre otras finalidades, establecer relaciones para promover canales de comunicación continua entre ambas entidades, priorizando la tecnología y la innovación.
Por el Círculo de Periodistas, suscribieron el acuerdo, su Presidente, Eduardo Tucci (foto), el Tesorero, Augusto Recordón y el titular del Órgano de Fiscalización, Félix Lugones.
Durante la firma del convenio participaron por FEMEBA, el Presidente, Guillermo Cobián (foto); el Secretario de Gobierno, Sandro Scafati; el Secretario de Prensa, Norberto Melli y el Secretario Norberto Hernández.
El acto tuvo lugar en la sede de la Federación Médica de la provincia de Buenos Aires. Ver menos

Martes de cine en el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires

Continúa el ciclo de cine en el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires.

En la Biblioteca Jacinto Calvo, de calle 48 Nº 530, entre 5 y 6 de la ciudad de La Plata, todos los primeros martes del mes, se puede ver cine libre y a la gorra.

El martes 2 de agosto a las 18 horas se proyectará el film “Jules et Jim (Jules y Jim)” de François Truffaut, con las actuaciones de Jeanne Moreau, Oskar Werner, Henri Serre, Marie Dubois y Vanna Urbino.

La historia se centra en el siglo pasado, década del 20. Dos amigos, Jules y Jim se enamoran de la misma mujer.

Luego de la función se podrá compartir un café y una charla acerca de la película.

LA PLATA CIUDAD DE PERIODISTAS

La mítica Escuela de Periodismo y el Círculo de Periodistas de la Provincia de Bs.As.

Memorias de una periodista agradecida

   Estoy aquí, en un antiguo departamento de lo que fuera el centro de la ciudad de La Plata. Soy un ser urbano, vanidoso y a veces frívolo. Como cabe a un platense  nacido y criado. “Tilingo” dirían algunos. Porque no lo neguemos, la mayoría de los platenses nos caracterizábamos por lucir nuestro “abolengo de platenses”. Algo tan absurdo como místico. Con ello iban  incluidos, la Catedral, el Hipódromo, “la Avenida de los Palacios”, el Balneario del Jockey Club en Punta Lara y su sede en calle 7, la Misa de once en San Ponciano, los bailes del 19 de Noviembre aniversario de La Plata, los partidos de rugby para los fans adolescentes, las funciones de gala en el Teatro Argentino, los cumpleaños “de quince” y el fervor por Estudiantes de La Plata. Una radiografía casi exacta de la clase media local ,desconocida, temida y  envidiada por los estudiantes extranjeros o del interior del país que se sentían expelidos de este mundo pre moldeado por varias generaciones “de patricios”, únicamente accesible para los provincianos de comprobado linaje similar en sus terruños. Y en esto resaltaban los mendocinos y salteños, que solían formar grupos  tan “especiales” como los platenses. Así se vivía hasta  hace 70 años , en la orgullosa capital bonaerense , hoy ninguneada a localidad del “Gran Buenos Aires” en una extraña melánge que intimida a seres vetustos de más de 80 años como quien esto escribe, acostumbrados a una ciudad de arquitectura europeizante capaz de deslumbrar a turistas propios y ajenos. 

     Quizá yo también pueda calificarme como una “vieja dama indigna”. Y sí, creo que la Literatura siempre acierta en sus dichos y metáforas. Especialmente en tiempos como los que corren, desnudos de cultura, sensibilidad, historia familiar, avidez por el conocimiento, orgullo por la elegancia y el refinamiento y un tajante desprecio por lo grosero, escatológico o sexo explícito. Muchos imberbes del siglo XXI –que no jóvenes, pues la juventud es un estado maravilloso del espíritu que ellos ignoran- califican al tiempo anterior como una etapa de hipocresía, prejuicios y descalificaciones.Y  posible que así fuera en algunos ámbitos, en donde se valoraba más “el tener” que”er” o el machismo más que el feminismo .Pero afortunadamente había excepciones y la inteligencia prevalecía sobre la estupidez. No era el Edén pero tampoco este Infierno. Y en lo que a mi vida respecta, estimo que fue más valorada y respetada, dentro de una estructura social estricta y exigente, que en esta gelatinosa etapa de sexo confuso, pensamiento único, insolencia preeminente, burla hacia el mérito, amoralidad por orgullo, olvido hacia los mayores y una pulsión desesperada por el dinero sin origen conocido, lícito o nó.

      En una presentida cuenta vital reversiva, ante montañas de papeles amarillentos, recortes de diarios con publicaciones que alguna vez creímos importantes, fotografícon imágenes fuminadas y artículos periodísticos que marcaron el camino hacia una profusa tarea en medios argentinos y extranjeros, tan felicitados como cuestionados en épocas sombrías para América Latina, hallé datos de investigaciones –mi principal debilidad histórica- que me sacudieron emocionalmente. Eran trabajos de mis “años mozos”, cuando escribía mejor que ahora y ellos me permitían cumplir con la consigna de José Martí  que “Honrar, honra” o con el simple proverbio español que afirma  “Es de bien nacido ser agradecido”. Siempre, doy fe y muchos que aún viven pueden dar testimonio de esta actitud, he sido una persona agradecida. No por reclamo alguno, sino por imperativo personal, acaso grabado en mi genética hispana por mis padres y abuelos. Agradecida a Dios, a la Vida, al Amor, a mis maestros, a mi familia, a mis médicos, al Conocimiento, a los artistas y creadores que mejoran el Mundo, a los amigos, a la profesión, a mi vapuleado y despojado País… 

Es tan grande la lista de agradecimientos que desearía cumplir, que posiblemente por ese motivo he llegado a estos 83 años  Pero la deuda crece con el tiempo y la madurez para reconocerla. Y aquí no se trata de intereses, plazos bancarios o administrativos, sino de afecto y reconocimiento perdurables. Suelo decirles a mis hijos y nietos, que recuerden dos consignas para calificarse como buenas personas: ser agradecidos y no pecar de impiadosos. Con ello basta para dormir plácidamente cada noche y recordar  los momentos felices más allá de los dolorosos.

He arribado a ese estadío. A esa meta desprovista de ansiedades, ambiciones o egoísmos. Es maravillosa una existencia en la que –como decía mi abuelo Manuel Vázquez- “quien nada debe es rico”, en medio de un mundo empobrecido económica y espiritualmente por tantos siglos de codicia, insensibilidad e ignorancia del prójimo. Muchos compatriotas me entenderán, cuando afirmo que soy una argentina más, periodista y docente jubilada. Obviamente, con el cuero duro y tatuado por acontecimientos crueles e imborrables de nuestra historia, que pueden reabrir heridas pero que siempre nos fortalecerán, porque “ser argentino” es un imperativo moral para soportar dictaduras, censuras e injusticias, con coraje, entereza y capacidad para el perdón (no el olvido).

Ese no al olvido encierra una película interminable de fotogramas coloridos, sepias, grises, blanco y negros, entre los que extraje un relato memorable para mi condición de periodista: los orígenes de la antigua Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, que hoy se intenta borrar tras una absurda entelequia que no genera más que ridículas anécdotas y ningún mérito intelectual. Recordar sus raíces y sus prestigiosos impulsores, es un propósito que alguna vez me fijé en el libro “La Plata, Ciudad Milagro”, que se editó para el centenario de  esta capital y en el que colaboramos muchos escritores platenses. Fue una publicación esmerada y casi lujosa con la idea y dirección de la Profesora Catalina Lerange, pero de escasa tirada, debido a su costo, lo que significó que quedaran sin conocerse valiosos trabajos de colegas locales.

Vale pues, cumplir  con esa deuda de gratitud y admiración hacia quienes pergeñaron aquella mítica Escuela de Periodismo, bajo la inspiración de la de la Universidad de Columbia y el credo de Walter Williams, quien aseguraba que “nadie puede escribir como periodista lo que no puede sostener como caballero”.

LA MITICA ESCUELA DE PERIODISMO

960. Década de transiciones, deslumbramientos, agitaciones incipientes, desconciertos, pero también de senderos plenos de promesas válidas para quienes optamos por la sencilla artesanía de la palabra, enhebrada con esfuerzo cotidiano y entintada con fervor veinteañero.

Una escalera no apta para cardíacos, con rica ornamentación en ambas paredes laterales, era el primer obstáculo a superar a manera de puente levadizo, para acceder al viejo palacete de señoriales historias donde funcionaba entonces la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata, en calle 53 entre 9 y 10, frente al  antiguo Teatro Argentino.

En sus ocasionales aulas, los muros atesoraban ecos de los tiempos de esplendor en que fuera residencia del gobernador Udaondo, junto a sonidos bullangueros de épocas bohemias cuando funcionaba allí el Comedor Universitario, sede de gastronómicas citas diarias así como de  coloridas fiestas estudiantiles traídas por la comunidad de estudiantes latinoamericanos.

Crónica intimista 

El primer día de clases, Arminda D’Onofrio –espíritu sutil y maestría en la adjetivación- exigió una prueba de capacidad periodística inesperada: describir aquella empinada escalera y los frescos del salón, con estilo ágil, original y colorido. Fue un golpe certero pero dado con fundamento: los frescos reproducían escenas del Quijote gracias al respetuoso pincel de un artista enamorado del Renacimiento.

A duras penas superamos el trance. Mas la prueba sirvió doblemente, como lo intuía Arminda: como desafío para posteriores escritos a los vanidosos y desaliento sin atenuantes para los tibios y potenciales desertores: de 120 alumnos inscriptos aquél año solamente 20 arribamos al curso siguiente.

Con la referida señora de las letras comenzamos a vislumbrar la punta del ovillo para diferenciar los matices de los adjetivos, la sonoridad de cada vocablo, la turgencia 

de los verbos y “la arena que se desliza entre los dedos, de la poesía de Jorge Luis Borges”

También maestro, a la par que periodista, Miguel Angel Escalante –Rector del Colegio Nacional platense-tuvo menos piedad para los recién llegados: “Aquí no se enseña a escribir a nadie. El que no sabe hacerlo no va a aprender nunca. Únicamente les inculcaremos una técnica. Lo demás solo depende de ustedes”.

Aunque su natural bonhomía y excelente calidad docente superaron aquella primigenia imagen de profesor cascarrabias .La técnica del reportaje, el dominio del estilo periodístico y sus consejos para adentrarse en el “metier” de esta a veces inasible  profesión, aún son código firme para quienes fuimos sus alumnos. Es que “el Indio”, como lo llamaban sus colegas era también el jefe de la corresponsalía del Diario “La Nación” en La Plata, donde solía llevarnos a observar el trabajo de los veteranos.

Rodolfo Schelotto Sergio-director de la Revista “Placet”- fue quien nos introdujo en el misterio de las inmensas salas de rotativas,  composición y fotograbado, y nos encariñó con las secciones especializadas del periódico, en joviales charlas en las que su admiración por Joseph Pulitzer era la puerta abierta a la aventura permanente de un hombre de prensa.

La profesora Ligia Spina, con su inteligencia sin claudicaciones y definida personalidad, nos acercó por su parte una interpretación de la Historia Argentina Contemporánea –aceptada o no por la mayoría-, que nos deslumbraba por la calidad pedagógica de su expositora y la valentía de sus aseveraciones.

Otro tanto ocurría con el profesor Juan José Garat, cuya cátedra de Historia de las Ideas Políticas era un mágico mosaico de ideas y de hombres, cuya estructura de alto nivel académico se fijaba a nuestras neuronas con indelebles trazos.

Estaban también los periodistas empíricos –valga la redundancia- Mario Jordán, Marcos Aronín, Augusto Vaso, Manuel Trigo Viera, Efraín Burgos Márquez, Orfilio Calvo y David Svaiger, con quienes era sencillo adentrarse en los laberintos de la diagramación, la tipografía, el estudio de originales, la organización del material periodístico y hasta el análisis de la opinión pública.

¡Y cómo no mencionar especialmente a Jorge Raúl Calvo, el hombre sereno, estudioso de la ética profesional, que con permanente preocupación “sanitarista” nos alertaba sobre las “patologías del Periodismo”, esforzándose para que sus alumnos no contrajéramos ninguno de aquellos males, como la detestable autocensura!

¿O al profesor Luis Aznar, gran maestro e investigador que con agudo ingenio limaba las ásperas aristas de la Historia del Periodismo, puro nombre y pura cifra para humanizar las figuras de bronce de nuestros próceres?

  Junto a ellos, dos queridos y admirados abogados platenses: el doctor Pedro Verde Tello, demócrata sincero que nos permitía aspirar el aroma de la vieja bohemia socialista de principios de siglo y hacer carne la problemática de los deberes y derechos del periodista, y el doctor Luis.C.Caggiano, de florido verbo y caballerosa estampa, que con sus dotes didácticas convertía las nociones de Derecho Constitucional en un amable hábito intelectual que hoy valoramos en la dimensión que él, sin duda, hubiera deseado para sus alumnos.

  El acento en las disciplinas humanísticas fue la base de los estudios de aquel ambicioso plan de la Escuela nacido en l956, que nosotros heredamos y vimos crecer hasta transformar a ésta en Escuela Superior, como instituto modelo dependiente de la Presidencia de la Universidad Nacional de La Plata.

Por eso son imborrables las figuras de la juvenil profesora Sara Alí Jafella, paradojalmente aplicada a las imágenes del Mundo Antiguo y de los padres de la Filosofía, al lado de la cariñosa expresión de la Prof. Sara Martínez de Mercader Bosch, ofreciéndonos la evidencia de la Geografía Humana,con plácido gesto y acertadas cifras. Poco después, la brillantez de la Prof.Marta Lapalma supo brindarnos desde la cátedra del desaparecido Jorge Raúl Calvo, una visión aguda, vital y cristiana del problema de la Deontología Periodística.

La nota de “english humor” –dos años de este idioma- no siempre comprendida por los alumnos, la daba el britanísimo profesor Alexander German Perry (corresponsal en Argentina del New York times y el Times de Londres), quien el primer día de clases exacerbó a más de un espíritu ultranacionalista al asegurar: “Con la luz de mi inteligencia sajona alumbraré vuestras oscuras mentes latinas”. Pero superada la chanza resultaba una agotadora y deslumbrante odisea intelectual, seguirlo por los caminos de la gramática y la semántica inglesas, cuyas rectas y recodos nos indicaba puntero en mano.

Otro incentivo para nuestra inquietud de futuros comunicadores eran las charlas eruditas del profesor Juan B. Molinari. Tras aterrarnos con un primer pedido bibliográfico en inglés, francés, alemán e italiano sobre temas de Sociología, logró  disipar nuestros temores y apasionarnos por la problemática social, al punto que muchas de nuestras pesquisas y tesis de graduación giraron sobre esta materia.

         Nuestra evocación no estaría completa sin mencionar a Alberto Fernández Leys, fino escritor y “hombre de taller”, que dictó en aquella época -1962- la materia “Agencias y Centros de Información Internacional”, dejando traducir en todo momento su amor por las técnicas de impresión. Fue foguéandonos en estas habilidades, frente a la mágica operatividad de la primera impresora plana de la Escuela, que recibimos el bautismo de periodistas. El certificado casi sacramental de esa iniciación era el mensuario “Noticias Universitarias”, órgano oficial de la Universidad Nacional de La Plata, editado por los alumnos y el cuerpo docente del establecimiento, gracias a los esfuerzos denodados y milagros financieros realizados por el Director Dr. Pascual Cafasso, artífice de la nueva etapa del instituto desde 1955. Los logros llegaron con el respaldo del Rector de la Universidad, el Dr. Danilo Vucetich , químico notable y auténtico maestro, que siempre atendió nuestros requerimientos con amabilidad y comprensión para nuestro grupo de alumnos, ávidos de conocimientos y prácticas profesionales. Era un lujo comunicarse con  tales académicos y hallar casi siempre un sí, cuando de estudiar se trataba.

  Al lado de la vieja impresora se agiganta hoy el recuerdo de la figura de Marcos Fingerit, consagrado poeta y eximio traductor, que dirigía el Departamento de Publicaciones y Biblioteca de la Escuela, convertido para nuestras inquietudes juveniles en un confesionario donde expresábamos  nuestras cuitas personales y carencias informativas. Fingerit ocultaba tras sus cotidianos rezongos y aparentes exigencias burocráticas, su riqueza cultural, su exquisita trayectoria en el campo de la literatura y del periodismo y un entrañable cariño hacia esos “pichones” de periodistas, que eran la manifestación de un hombre riquísimo en sus afectos pero limitado por su introversión. Con él era fácil encarar una diagramación, confeccionar un editorial  o redactar una tesis. Todo había en aquella pequeña oficina : hasta una taza de té caliente y bizcochos para las tardes de frío.

Mario Botelli, regente del taller y su ayudante R.Gironda, nos mostraban los secretos de un tipómetro, del armado de una rema, de la prolijidad de un recorrido y hasta el doblado a mano –tal aquella primera etapa de precariedades tecnológicas- de nuestro periódico.

Toda la Escuela era un escenario cordial y atento a las inquietudes de los alumnos. No había vano protocolo pero imperaban el respeto y la amabilidad en todos los sectores. Desde el secretario, Félix Hernández Martín –el apreciado Gallego- hasta sus colaboradores, Manuel Barreto –el querido y desconcertante Manolo, hombre multifacético de increíble sentido del humor y romántica bohemia; Alicia Lenain, artista plástica y ocasional administrativa que nos enriqueció con su amistad; Elina  de Burgos Márquez, “maestra de alma” que archivaba los legajos de los alumnos con maternal eficiencia; Aurelia Setien ,fémina adelantada a su época y traductora intachable y Alfonsina Simonetti asistente de lujo de la Biblioteca próxima a recibirse de escribana, así como otros de similar dedicación, pasando por las imágenes de aquellos casi mitológicos ordenanzas Montero y Bancalari, nunca ajenos a los problemas o inocentes conspiraciones estudiantiles, aquél grupo humano parecía trabajar en función primordial de nuestro futuro profesional, solucionándonos cualquier dificultad o trámite.

Para todos ellos, nuestro agradecimiento. La deuda de honor hacia sus esfuerzos es eterna y creo interpretar en mis palabras el sentimiento común de mi generación. Periodista se nace pero no basta con ello: hay que hacerse. Y para ello se necesitan maestros y guías. Los tuvimos y muy buenos. Hoy muchos de ellos son colegas, pero para nosotros seguirán siendo nuestros maestros. Entendemos que el permanente reconocimiento a su experiencia es el mejor homenaje de un periodista a otro periodista.

Porque el Periodismo muestra la síntesis del quehacer humano. Es el verbo puesto al “ahora”. Es la inacabable crónica del acontecer de la Humanidad. Y solo una vida de hechos puede escribir sobre hechos de la vida.

Los pioneros

Desde mucho tiempo atrás existió el concepto generalizado de que “el periodista, como el poeta, nace”. En España, por ejemplo, suele decirse: “La practica trau maestres”. Pero nada califica tanto a un país como su Periodismo, especialmente en lo que hace a la educación y formación moral de sus integrantes.

               Así lo entendieron con empinado criterio y acendrada vocación, los pioneros de la enseñanza periodística en La Plata, surgidos del brillante cenáculo que era el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires, allá por l934.

Gracias a ellos, hombres de generosa experiencia dispuesta a trasvasarse en las nuevas generaciones, la capital bonaerense contó con un feliz ensayo de “Cursos para Periodistas”, realizados en ese año por la Universidad Nacional de La Plata y la citada entidad profesional. Los alumnos conformaron un grupo de 298 asistentes de diferentes edades y una sola inquietud: ingresar en el fascinante mundo del periodismo.

La continuidad de esta venturosa empresa debe buscarse en la nota que el entonces Presidente del Círculo, doctor Manuel Eliçabe, con las firmas del secretario y prosecretario de la institución, señores Edgardo Saborido y Luis Aznar, elevó al Rector de la casa de altos estudios platense, doctor Ricardo Levene, proponiéndole la creación de la “Escuela Argentina de Periodismo”.

La iniciativa halló eco favorable y es así que el 11 de mayo de 1935, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de La Plata ordenó auspicio y colaboración de esta Universidad para el referido proyecto, teniendo en cuenta el éxito de aquellas clases de 1934.

Comunicada la medida al Círculo, el 17 de mayo del mismo año éste designó a su Presidente Dr. Manuel Eliçabe, al doctor Ramón T.García y al señor Carlos Molteni, para integrar la Comisión Especial encargada de preparar el Reglamento de la Escuela Argentina de Periodismo. El cuerpo estaba presidido por el Dr.Ricardo Levene y participaba de sus deliberaciones el destacado profesor José A.Oría. Este último fue luego uno de los que inauguró las clases de la Escuela, con un cursillo sobre “Grandes figuras del periodismo contemporáneo”, al lado del Dr. Víctor Juan Guillot, quien impartió conocimientos sobre el “Régimen jurídico de la prensa en la República Argentina”.

El reglamento de la Escuela

   El Reglamento aprobado para la Escuela Argentina de Periodismo estableció que ésta  “desarrollará instrucción general y conocimientos especiales que capaciten para las funciones del periodismo y procurará fomentar en sus alumnos sentimientos cívicos y normas de ética profesional, a fin de que las ejerzan eficaz y dignamente”.

Asimismo determinó que sus alcances solo serían aplicables al gobierno y administración propios de la Escuela y no a los cursos de asignaturas universitarias ni a sus profesores, los que se regían por los estatutos de la Universidad y los reglamentos de las respectivas Facultades.

Las asignaturas fijadas por el plan de estudios se debían cursar en las Facultades de Ciencias Jurídicas y Sociales, y de Humanidades y Ciencias de las Educación, pero no las profesionales, que se impartían en la sede del Círculo de Periodistas,  calle 48 entre 5 y 6, de La Plata.

Una Comisión de Gobierno, compuesta por un Director y dos vocales, tenía a su cargo el gobierno técnico y administrativo de la Escuela. También podía integrar la Comisión un delegado del Centro de Estudiantes de Periodismo.

El Director era nombrado por la Comisión Directiva del Círculo y duraba cuatro años en sus funciones, igual que uno de los vocales. El otro vocal era designado por la Presidencia de la Universidad y permanecía idéntico período en su cargo.

Las materias de la carrera dictadas en el ámbito universitario platenses eran las siguientes: Composición y Gramáticas; Historia Argentina Contemporánea; Geografía Política y Económica Argentina; Idioma (Inglés o Francés); Derecho Constitucional; Sociología; Derecho Administrativo y Derecho Internacional Público.

Por su parte, el Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires daba enseñanza teórica y práctica de Historia del Periodismo (dos cursos); Reportaje y redacción de noticias (dos cursos); Estudio de originales periodísticos, su crítica y reconstrucción (dos cursos); Arte tipográfico aplicado al periodismo; Legislación de Prensa y Ética periodística.

Como nota singular que marca el clima vivido en aquella primera Escuela, 

recordamos el artículo 11º de su Reglamento de funcionamiento que expresa textualmente: “Los profesores procurarán mantener relaciones cordiales con los alumnos y dispensarles amistosa consideración, sin perjuicio de de requerir de la Comisión de Gobierno las medidas disciplinarias que fuese indispensable aplicar”.

Los profesores

El grupo de profesores nacido con la Escuela tenía luz propia. La luz del intelecto sereno y la capacidad profesional intachable. Ramón T.García enseñaba “Reportaje y redacción de noticias”; Mario Sciocco, “Arte tipográfiuco aplicado al periodismo”, Carlos Heras, “Organización Nacional” (1852-1862), José A. Vasconcelos, “Sociología Iberoamericana”; Arturo Capdevila, “Periodismo Argentino entre 1820 y 1930”;  Pedro Henríquez Ureña, “Literatura Contemporánea de la América Española”; José María Ots Capdequí  (catedrático de la Universidad de Sevilla), “Instituciones Coloniales de la América Española”; José Santos Gollán, “Preparación y aptitudes para el periodismo”; el propio Dr.Manuel Eliçabe, la cátedra de “Etica Profesional”, además de dictar un cursillo sobre “Estudio de artículos periodísticos, su análisis, crítica y reconstrucción”; Dr.José A. Oría, “Historia General del Periodismo” y Luis Aznar, “Historia del Periodismo Argentino”.

La inauguración

Abierta la matrícula de la Escuela se inscribieron inmediatamente 131 alumnos (35 mujeres y 96 varones), de los cuales 25 eran egresados y estudiantes universitarios; 24 egresados y alumnos de las Escuelas Normales Nacionales de Maestros y de Escuelas Superiores de la Nación, así como 82 bachilleres, y alumnos de diferentes escuelas secundarias.

Los primeros cursos se iniciaron el 14 de junio de 1935, en un acto público presidido por el Dr. Ricardo Levene, en el Aula Magna de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. En esa circunstancia, el presidente del Círculo y director de la Escuela, Dr. Manuel Eliçabe, rememoró las palabras del Dr. Levene un año atrás, al comenzar los cursos piloto de periodismo, que –dijo – “importaban una iniciativa de proyecciones espirituales que haría indestructible esta unión de dos poderosos instrumentos de la cultura contemporánea: el Periodismo y la Universidad”, agregando que el contenido y orientación del plan de estudios a desarrollar permitiría a los profesionales egresados de la Escuela cumplir con la norma estricta impuesta por su trascendental misión: “hacer en el momento oportuno lo que de él espera la sociedad; hacerlo bien y aún más, superando la medida de lo que se espera de él”.

En otro momento de su discurso afirmó también el Dr. Eliçabe, que “la Escuela cuyo funcionamiento iniciamos hoy, admitiendo a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, es por ello y muy principalmente, una acción llena y palpitante de 

interés espiritual. Sembremos sus enseñanzas; luchemos por su mantenimiento y tengamos fe en sus resultados. Ellos no pueden ser nulos, porque nunca son vanos los esfuerzos individuales o colectivos, en pueblos jóvenes como el nuestro, para acrecentar la cultura general mediante obras llenas de tan hondo sentido espiritual como esta Escuela cuyas puertas abrimos”. 

 Un plantel de 50 alumnos aprobó  aquel primer curso de materias específicas de Periodismo y la Escuela despertó  notorio interés en el país y fuera de él. Era la primera escuela en su tipo en Sudamérica y había nacido varios años antes que la Escuela de Periodismo de Madrid.

El esfuerzo y la visión de aquellos pioneros del Círculo de Periodistas no se vieron defraudados: de 1936 a 1943 inclusive, un promedio de 45 alumnos fue aprobado al finalizar cada año lectivo. Y la estructura de la Escuela sirvió de modelo para similares establecimientos de Argentina y de otros países.

En 1943, durante el rectorado en la Universidad Nacional de La Plata del Dr. Alfredo Palacios, se aprobó la primera reforma al plan de estudios de la Escuela Argentina de Periodismo, que inició ese año la extensión universitaria con el dictado de cursillos especiales y equiparó a sus alumnos al régimen de los de la UNLP en los beneficios de ayuda social, según solicitud formulada en tal sentido por la Presidencia del Círculo de Periodistas.

Ese mismo año, la Comisión Directiva del Círculo acudió en demanda de ayuda al Poder Ejecutivo bonaerense, desempeñado por el Dr. Rodolfo Moreno. Este le acordó un donativo, por única vez, para la instalación de un modesto taller de imprenta en la Escuela. Allí nació, en 1946, el periódico “El Iniciador”, escrito por los alumnos con el asesoramiento de los docentes de la casa. En él se abordaban temas generales de prensa, con seriedad no exenta de frescura y se hacía especial hincapié en asuntos vinculados a la historia del periodismo argentino y a la ética periodística. Su distribución era gratuita.

Incorporación a la Universidad

El entusiasmo indeclinable de autoridades, profesores y alumnos de la Escuela por ver crecer el establecimiento hicieron que en 1949 el director Eliçabe elevara un proyecto de incorporación del instituto a la Universidad Nacional de La Plata. Pero recién en 1954, luego de permanentes trámites efectuados con tal propósito por el Círculo de Periodistas, el Honorable Consejo Universitario en su sesión del 28 de abril, resolvió auspiciar el funcionamiento de una Escuela de Periodismo en la Universidad Nacional de La Plata. Para ello dispuso designar una Comisión Especial integrada por el  Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y el Delegado Interventor en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales para que, juntamente con las 

autoridades del Círculo de Periodistas, elevara un plan de organización y funcionamiento para la anhelada Escuela.

         Por la entidad profesional fueron designados para esos estudios el fundador de la Escuela Argentina de Periodismo, Dr. Manuel Eliçabe, el director del establecimiento en esa fecha, señor Saverio J. Redoano, y el delegado ante la Comisión de Gobierno de la Escuela, profesor Miguel Angel Escalante.

Meses después, el 28 de setiembre del mismo año, el H.Consejo Universitario aprobó el proyecto respectivo y con él la creación de la Escuela de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. Para concretarla, el Círculo de Periodistas ofreció sus aulas, elementos didácticos y el uso de su taller de imprenta, por tres años prorrogables, hasta que la Universidad dispusiera de un presupuesto adecuado a sus fines.

El 4 de mayo del año siguiente, el director Redoano propuso la reforma del plan de estudios .Con esta modificación, se iniciaron las clases una semana después, habida cuenta de que estaban prácticamente preparadas las nuevas adecuaciones, que siempre significaron un paso adelante en la modernización y mejora del sistema educativo periodístico.

Con los cambios políticos de setiembre de 1955, el 4 de octubre se produjo la renuncia a su cargo del director Saverio Redoano, quien fundamentó su decisión en la carencia de presupuesto, así como en la carencia de un local adecuado para el funcionamiento de la Escuela. Pero el destino de la institución estaba signado por un crecimiento sostenido e inclaudicable.

 Una nueva etapa 

  El 20 de octubre de 1955 asumió sus funciones  de Delegado Interventor en la Escuela el Dr. Pascual Cafasso, quien por más de doce años trabajó denodadamente por el desarrollo y jerarquización del instituto hasta convertirlo en Escuela Superior.

Bajo su conducción se aprobó el un nuevo plan de estudios y en 1950 se creo el Seminario de Investigaciones de esta unidad académica. Asimismo, se estableció la obligatoriedad de que los alumnos de tercer año realizaran un trabajo final de investigación para optar al título de Licenciado en Periodismo.

Sin prisa pero sin pausa, la tarea fue cobrando frutos que fueron brindados también a la comunidad. Así por ejemplo, se cumplió un cursillo experimental de periodismo escolar para maestros, que comenzó el 6 de setiempre de 1957 y que despertó una importante respuesta por parte de los docentes inscriptos.

Al año siguiente la Escuela ya contó con su propio local, en la calle 53 nº 726, dejando las instalaciones del Círculo de Periodistas y de las Facultades de Humanidades 

y  Ciencias de la Educación así como de la de Ciencias Jurídicas y Sociales. El edificio alquilado por la Universidad y adjudicado a la Escuela había sido la residencia del ex Gobernador Udaondo, que mencionara al comienzo de esta nota deslumbrada por la riqueza de sus murales dedicados a escenas de Don Quijote de la Mancha.Digno marco para tan noble propósito.

En esta sede comenzaron a gestarse los sueños de grandeza, muchos de ellos concretados por el esfuerzo titánico del Dr.Cafasso y su equipo de colaboradores, junto a quienes trabajamos por ese diario estímulo la mayoría de los alumnos. Llegaron allí la imprenta, la biblioteca especializada –la mejor de Hispanoamérica-, el laboratorio fotográfico, las máquinas de escribir… ¡Un mundo de motivaciones para satisfacer las esperanzas de varias generaciones de émulos de Mariano Moreno (y hasta del Padre Castañeda, que de todo hubo)

1960 marcó una etapa de nuevos triunfos. El 7 de Junio, Día del Periodista, en homenaje a la aparición del primer número de “La Gazeta de Buenos Ayres” creada por Mariano Moreno, la Escuela editó un facsímil del periódico patrio de cuidada realización. Inaugurada la imprenta, a este trabajo siguieron las “Ediciones de la Escuela de Periodismo”, libros que se distribuyeron a centros de enseñanza especializada de nuestro país, América Latina y Europa y que recibieron las felicitaciones de los más prestigiosos periodistas y docentes de las Universidades a las que se remitieron.

Con este ritmo sostenido, el 7 de julio de 1961 apareció el primer número de “Noticias Universitarias” editado por la Escuela, que era el vocero de las actividades de todas las Facultades de la Universidad Nacional de La Plata y del propio Consejo Superior de la UNLP. Su redacción, fotografías, diseño, prácticas de taller gráfico y hasta distribución en forma gratuita, eran efectuadas por los alumnos guiados en forma ágil y moderna por los profesores de las materias técnicas. En forma paralela, muchos de los futuros periodistas mantenían un programa radiofónico en los estudios de Radio Universidad Nacional de La Plata, que ofrecía generosamente sus instalaciones y apoyo profesional.

Hacia la jerarquización 

El 18 de noviembre de 1964, el Consejo Superior de la Universidad aprobó un nuevo plan de estudios para la carrera de Periodismo, que convirtió al instituto en Escuela Superior. Y a principios de 1965, consecuentemente con esta decisión, las autoridades universitarias designaron por el voto unánime de los integrantes del cuerpo, Director de la Escuela Superior de Periodismo al Dr.Pascual Cafasso.

En 1966, se resolvió por primera vez crear un Consejo Asesor, que se integró con profesores, estudiantes y graduados. 

El 16 de junio de ese mismo año, se  colocó al Aula Magna de la Escuela el nombre del Dr. Manuel Eliçabe, como homenaje a su memoria y, el 26 de agosto, se dispuso la publicación de un volumen en recordación del Dr.Luis C.Caggiano, destacado jurista y ex profesor de la casa.

También durante la gestión del Dr.Cafasso la Escuela impuso el nombre del Dr. Francisco León Barreto a la Biblioteca del establecimiento y el de Mario Sciocco, al aula taller gráfico.En esa oportunidad apareció el periódico “El Iniciador”, hecho por los alumnos.

Finalizada la dirección del Dr.Cafasso lo sucedieron entre otros al frente de la Escuela.el Dr.Enrique García Urcola, el Dr.Ataúlfo Pérez Aznar, los profesores Juan José Mauro, Daniel Pabón y el profesor y licenciado Carlos Bustamante, uno de los más recordados graduados de la Escuela y “hermano cisespalino”, que cumplió su gestión durante el inicio  del período democrático del país.

Quien esto escribe tuvo el honor y la alegría de participar tras el concurso de una cátedra, de la etapa de docencia que inauguró la Democracia. Para ello fue de especial importancia la posibilidad que nos brindó el CIESPAL y que nos otorgó el diploma de pos grado de “Especialista en Medios de comunicación Colectiva”. El CIESPAL depende de la UNESCO y tiene su centro de enseñanza en Quito, Ecuador,para los periodistas de América Latina, graduados en institutos de Periodismo o Comunicación, con cinco años de experiencia profesional y méritos docentes en la materia. A este Centro estuvo vinculada la Escuela Superior de Periodismo, que tenía derecho a presentar anualmente un candidato graduado para optar a una beca de ese Centro internacional, con profesores de primer nivel de América y Europa.

Honrar, honra

He preferido concluir mi investigación con mi época de docencia en la Cátedra de Teoría y Técnica del Periodismo Impreso I, sobre la que puedo dar fe y que concluí en 1987, pues no suelo escribir sobre lo que no conozco o no he vivido .Solamente me ha movido a “reescribir” (o “refritar”) este trabajo, el observar como el olvido ha tapado lo que en muchos años fuera motivo de orgullo y satisfacción de una pléyade de periodistas platenses : la maravillosa aventura de los pioneros del Círculo de Periodistas de la Provincia de Buenos Aires y su visionaria tarea para crear aquella Escuela de Periodismo que hoy, quienes concurrimos a sus aulas, nos vemos en el deber de rendir homenaje, pues como decía José Martí “Honrar, honra”.

                                                      Lic.Elsa Cristina Bustos

La autora

La autora se graduó en la Escuela Superior de Periodismo en 1965, con tesis final sobre “La Prensa y el Vaticano” Fue profesora en la citada Escuela (UNLP) y en la Universidad Católica de La Plata. Tesis de graduación publicada por recomendación del Tribunal Especial que la calificó, por la UNLP.

Tuvo beca del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, para el Curso sobre “Legislación de Prensa”, cumplido en la Universidad Menéndez-Pelayo, de Santander, España (1966).

Beca de Aktion Adveniat (Alemania) para el Curso de CIESPAL (1973). Diploma de Especialista en Medios de Comunicación Colectiva. Quito, Ecuador. Tesis final sobre “La problemática jurídica de la Prensa en América Latica y su proyección en Argentina”.

Ha sido periodista profesional en medios privados nacionales y extranjeros así como en la Secretaría de Prensa de la  Gobernación de la Provincia de Buenos Aires.

Ha asesorado a numerosas instituciones del ámbito privado y posee publicaciones de su especialidad.

Ha recibido premios periodísticos y literarios de entidades nacionales y extranjeras.

Colaboró con medios periodísticos de Argentina, Uruguay, Brasil y México.

Invitada a dictar cursos de capacitación sobre su especialidad en los países mencionados.                                                                            


Intensa agenda en la biblioteca Jacinto Calvo

Tras dos años complejos por la pandemia (2020 y 2021), la biblioteca Jacinto Calvo, del Círculo de Periodistas de la provincia de Buenos Aires se reinventó y sumó distintas actividades. En esos años se fortalecieron las actividades virtuales mediante la plataforma zoom. Ahora, en este 2022, regresó la presencialidad, con una intensa agenda cultural. En cumplimiento de sus actividades propias de biblioteca, la misma funciona los lunes, miércoles y jueves de 14 a 18.

Presentación de libros, ciclo de cine, merienda literaria, teatro, cursos motivacionales y de inglés, celebración de los 114 años del Círculo y del Día del Periodistas, reunión con prestigiosas entidades de la ciudad para impulsar el Congreso de la Lengua Española; fueron algunos de los encuentros realizados en la vuelta al sol y que se mantendrá en los próximos meses, si la situación sanitaria lo permite.

“Cuando nuestra entidad se fundó hace 114 años tuvo dos objetivos principales, el de generar hechos culturales y brindar beneficios a sus socios, y eso se fue haciendo en la historia; a nosotros como dirigencia contemporánea nos tocó el momento complicadisimos de la inédita pandemia y nos reinventado, como la mayoría con un intenso programa virtual y, por suerte, este año volvimos a la presencialidad”; comentaron desde la dirigencia del Círculo de Periodistas.

ACTIVIDADES

En este año de manera presencial, en la biblioteca Jacinto Calvo del Círculo, se presentaron los libros: el libro “Rebelión y Talento”, biografía no convencional de Gabriel Báñez, escrita por Elvira Yorio, con presentación de Guillermo Pilía; “Soy Amor y soy Poema” y “Frases y Pensamiento del Alma”, del Periodista y Escritor colombiano, Mario Luis Benítez Arboleda; el libro “De Muertes sin Venecia” de Claudia Baldoni, con conexión desde la biblioteca vía virtual con Guatemala y el libro “Historias en Diagonal” de Walter Epíscopo que narra episodios relacionados con Estudiantes y Gimnasia.

El primer martes de cada mes hay un Ciclo de Cine Internacional de películas antiguas y jueves por medio se lleva a cabo un taller sobre Arteterapia: “El arte y la expresión emocional”

También se desarrolló una Merienda Literaria coordinada por el espacio Al Pie de la Letra de Mercedes Gallardo y comenzó un curso de Inglés de nivel inicial; estando previsto la presentación de una obra de teatro.

Al mismo tiempo, acaban de realizarse obras en la tradicional sede de la calle 48 que incluyeron la puesta en valor del frente del edificio y una reparación integral del salón de actos.

CONCURSO NACIONAL “GENTE DE LETRAS”- Primer Premio Nacional de Narrativa RUMORES (Cuento)

Autora: Elsa C. Bustos

Otra vez el maldito despertador. ¿Son las cuatro de la mañana? No, son las cuatro de

la tarde. Todavía sigo por inercia con la costumbre de madrugar para ir a la radio.

¡Estoy jubilado! No puedo asumirlo. Claro, hoy me esperan en un programa de

televisión donde todo el mundo opina sobre infinidad de temas que ninguno conoce.

Pero parece que da popularidad porque ninguno se niega a asistir a esas charlas

dislocadas. En realidad no tengo ganas de ir, lo triste es que dije sí cuando me

invitaron y no me gustaría quedar como un tipo irresponsable. La piba que me llamó

es una productora jovencita, y me insistió tanto, que no pude negarme. “Mire,

Alberto, que si me falla me van a retar, es mi primer programa y no me gustaría quedar

como una chanta”. Y claro… ¿Cómo negarme a esa súplica?

Hace tanto que no salgo. No sé qué ropa ponerme para no parecer un viejo

anticuado. Ahora se usa el traje sin corbata, pero no me acostumbro a esa idiotez. O

vas bien vestido, o con ropa sport, “casual”, como dicen. En realidad, prefiero ir de

traje, con camisa y corbata. Tampoco es cuestión de pasar por un pordiosero. Aún me

quedan dos trajes, un saco azul, dos pantalones y dos o tres camisas más o menos

rescatables. Pobre pero digno, diría mi abuela. Querida vieja, siempre creyó que su

nieto era un intelectual. Pensaba que el periodismo era lo máximo, la puerta de

entrada a la consagración, la llave mágica para el triunfo, la opulencia y el acceso a las

altas esferas sociales…Cuando vio mi primera nota con mi firma en un diario del

pueblo, la recortó y la hizo enmarcar para colgarla en el living. Y ni qué hablar cuando

me vine a Buenos Aires y comencé a escribir en diarios más importantes…Creía que mi

vida estaba realizada, cuando en realidad el calvario recién empezaba. ¿Cuántos años

pasaron? Cincuenta. ¿Cincuenta? ¡Qué bestialidad! Realmente soy una antigüedad.

¿Será por eso que me invitaron? No me trago que ahora me digan “maestro”. Si en

esta profesión la lucha diaria es sin cuartel, te echan, te patean, te traicionan, te

envidian, te mueven el piso, te amenazan. Hay pocos amigos. A veces tenés suerte y te

tocan buenos compañeros en algún diario, en algún programa o en la calle. Pero no

siempre se da.

Ahora que pienso, quedan muy pocos de mi generación. Es tanto el vértigo del

trabajo, que no hay tiempo para encuentros, visitas o charlas de café. Nadie puede

sobrevivir con un solo empleo. Todos corremos desde la mañana hasta la noche. No

valen los feriados, los fines de semana. Hay que aguantarse hasta que lleguen las

vacaciones. Suponiendo que el presupuesto te alcance para arrastrar a toda la familia.

Muchas veces preferí ahorrar ese dinero para que mi hijo fuera a un colegio privado o

tuviera una buena prepaga de salud. Hoy, te sacude la noticia de que murió un colega

al que una vez tuviste de compañero, veinte o treinta años atrás, sin volver a verlo.

Entonces reaccionás. Podría haber sido yo. Claro, si vivimos las mismas cosas. Buenas y

malas. Y seguro, que murió solo como un perro. Porque casi todos los que conozco,

igual que yo, no han tenido una vida normal. Las mujeres te dejan cuando se dan

cuenta de que no te da el cuero para millonario. Que los tiempos de ella no son los

mismos que los tuyos. Que un aniversario de casados no puede competir con un viaje

para cubrir un mundial de fútbol, o el cumpleaños de uno de los pibes debe

postergarse porque hay que cubrir una conferencia de prensa o entrevistar a un

político de turno. Por supuesto, la familia de ella se encarga de echar leña al fuego: “Te

dije que te casaras con aquél abogado que te pretendía. O ¿qué pasa con tu marido

que nunca está en ninguna reunión familiar? ¿Estás segura que no anda con otra? Mirá

a las horas que regresa a tu casa. Claro, como él dice, el cierre del diario es tarde.” Y así

se destruyen los matrimonios y te alejan de los chicos.

Por suerte, tuve un solo pibe que me salió de diez. Médico. Investigador, me

contaron. Ahora está en Boston y tiene dos hijos. Claro, es lejos. Para él y para mí. Lo

vi en Estados Unidos, cuando se casó. Mi ex ya había muerto, y él me mandó el

pasaje para que lo acompañara en la ceremonia. Después vino a verme a Buenos

Aires, porque participó de un congreso médico en esta ciudad. Y otra vez, estuve de

visita en su casa, para una Navidad. Dos o tres veces, nomás. Pero me llama de vez en

cuando. Realmente es un buen muchacho. A mi nuera, prácticamente no la conozco,

como es gringa y no habla español, y yo nada de inglés, no hay diálogo con ella. Mis

nietos casi no hablan “en argentino”, como dicen ellos. Solo se expresan cuando mi

hijo les dicta alguna frase para saludarme por teléfono .Pero está todo bien. Deben

vivir sus vidas como yo viví la mía. Lo importante es que están geniales y ni sueñan con

regresar. Total, soy el único familiar cercano que les queda.

¿Dónde puse los zapatos? Tengo que lustrarlos antes de que se haga tarde. Me

dijeron en el canal que me enviarían un remís para buscarme. Creo que el programa

empieza a las seis, así que tengo tiempo. Hablando con la piba productora, me contó

que muchos colegas que tuvo como profesores me recordaban. Claro, en aquellos

años todos nos conocíamos. Nos reuníamos en alguna fonda para “cambiar figuritas”,

como le decíamos al intercambio de noticias o trascendidos. No había celulares, ni

internet, ni redes sociales, ni nada de esos inventos que los pibes conocen tan bien y a

nosotros nos enloquecen .Hubiera sido fantástico contar con tantos chirimbolos en

aquella época. ¡Cómo habría resultado de fácil y rápido nuestro trabajo! Me dicen

“maestro”… Será por lo viejo, ya que no estudié en la Universidad, pero me invitaron

muchas veces a dar alguna charla en la Escuela del Círculo de la Prensa y fueron de los

mejores momentos de mi carrera. Pensar que hice de todo. Era fundamental

sobrevivir. Periodismo gráfico, radial, algo de televisión, comentarista deportivo,

movilero, corresponsal de varios medios gráficos y radiales, hasta temas de agricultura

y ganadería para una revista especializada, espectáculos, y lo más divertido y mejor

pago: ghost writer. Escritor fantasma, que le dicen. Ahí sí que gané buena plata. Los

discursos eran mi fuerte. Y cada vez que se acercaba la fecha de elecciones me

buscaban, como a Esopo, ”para hacer hablar a los animales”. Era un buen “kiosco”.

Tranquilo, sin apuro, escribía en mi casa para que nadie se enterara. Y después veía al

energúmeno que me había contratado, dándose aires de valioso plumífero frente a un

micrófono. Pero con ese curro pagué la Facultad de Medicina de mi hijo. Ahora todo

está regulado por el marketing, los coachs, los asesores de imagen y qué se yo que

otras yerbas. Yo hacía todo a pulmón. Y sin tanto aspaviento.

En realidad, no me quejo de mi vida. Fui casi un aventurero, por los viajes y la gente

que conocí de todos los estratos sociales. Solamente un periodista puede darse el lujo

de comer en un palacio, saludar a dignatarios, entrevistar artistas, presenciar

espectáculos internacionales, conocer campeones deportivos y todo un mundo

deslumbrante que muchos desearían alcanzar. Sin más dinero que un escaso viático y

el pasaje pagado por la empresa. Claro, luego hay que bajar a tierra, como un simple

peatón, pero ¿quién te quita lo bailado? No, yo no me cambiaría por nadie. Los

recuerdos están firmes en mi cerebro y aunque hoy sólo soy un jubilado, las vivencias

son más fuertes que cualquier deseo consumista.

Siempre despunto el vicio. Me duermo muy tarde. Veo todos los programas de TV

culturales, políticos, económicos y deportivos. Vivo haciendo análisis de contenido,

como cuando tenía un programa radial, que se anunciaba “periodismo de contexto con

música e imaginación”. Admiro la tecnología. Pero me indigna la falta de

profesionalismo en muchos que se auto titulan “conductores” en los medios, sin haber

resuelto todavía si “hombre” va con “h” o sin “h”. Hay que saber escribir, señores. Lo

demás se da por añadidura. En mi época, claro hace medio siglo me dirán,

comenzábamos con la gráfica. Bajo el ojo siempre alerta del secretario de Redacción.

No podía haber errores. Y hasta sabíamos diagramar, porque teníamos en ese ámbito

los verdaderos maestros.

Ahora no sé qué pasa. Entonces nos considerábamos “servidores de la verdad” y hoy

me vuelvo loco al escuchar la cínica teoría de la “postverdad”. No existe más la verdad.

Y hasta aparecieron como un alarde, las “fake news”, las falsas noticias, integrando la

información que los supuestos hombre de prensa entregan al público desprevenido.

Recuerdo como nos exigían- y nos exigíamos- el chequeo de nuestra fuentes, algunas

“subterráneas”, pero seguras y confiables que defendíamos a capa y espada. Nunca

menos de tres, en mi caso. La ética no era una simple palabra en los medios serios.

Tampoco las reglas de estilo, que parecieran ser un miriñaque, en las tramas actuales

del periodismo. Hasta existían en los diarios los correctores de estilo, que se

respetaban y admiraban.

Muchas veces, noto como me sube la presión arterial, cuando leo, escucho o veo,

actitudes de los “nuevos periodistas” que considero una evidente mala praxis, un

desborde de groserías y una inaguantable muestra de ignorancia. Siento una enorme

tentación de llamar a cada seudo “profesional” e increparlo, decirle para qué “se

metió a periodista”, por qué quiere hacer tanto daño al público en lugar de educarlo,

por qué, por qué… Pero me callo, sé que dirán “pobre viejo está fuera del tiempo y del

espacio”, y tomo algún libro para calmarme con tipos como Borges o Chesterton.

¿Y el respeto al “off de record”? Es decir, no difundir lo que alguien, en especial un

funcionario nos contó y pidió mantener en secreto. Resulta que es más fácil en este

tiempo alucinante, no solo difundirlo, sino grabarlo y enviar el mensaje a todo el

mundo por las benditas redes sociales.

¿Y el rumor? Una especie que nosotros tomábamos con pinzas, como mera

orientación para la búsqueda de la verdadera noticia. No hay valores morales ni

legales que impidan destruir a una persona, una familia, una institución. Simplemente,

un perverso inventa una información y aniquila una vida entera, por un punto de rating

de un espacio chimentero o una tapa de una revista para lectores hipoproteícos, como

solía decir un médico amigo.

Hace pocos días un loco lanzó al aire el rumor de que Diego Maradona había muerto.

Lo hizo con premeditación y alevosía. Me “broté” como hacía mucho no me pasaba. Y

sentí que ya no existe el periodismo que conocí. Que cualquier cretino es capaz de

destruir una existencia, una trayectoria o una personalidad, no importa que sea un

crack o un simple ciudadano honesto, con familia y bien nacido.

Cuando pienso en ese episodio me caliento, me sube muchísimo la presión. Creo que

debo tomar la pastilla para la arritmia antes de salir. ¿Qué me pasa? Parece que la

habitación da vueltas como una calesita. Trataré de llegar a la cama…

Horas más tarde, las radios e informativos televisivos comunicaron que el veterano

periodista Alberto Aguirre, fue encontrado muerto en su mono ambiente del barrio de

Caballito, en circunstancias extrañas que se investigan. La carátula del expediente

respectivo indica “muerte dudosa” y se esperan los resultados de la autopsia. No tenía

familiares en el país y tampoco amigos íntimos. Algunos medios de la farándula

señalan que podría haber fallecido debido a una sobredosis de droga o alcohol, o bien

a causa de alguna compañía femenina que intentara robarle, abusando de su

ancianidad y confianza. Hasta que la Justicia pueda comunicarse con un hijo que

reside en el exterior, su cuerpo permanecerá en la morgue policial.

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Elsa Cristina Bustos

El intendente Garro apoya para que la ciudad de La Plata sea sede del Congreso de la Lengua

El Intendente Julio Garro recibió en el Palacio Municipal a miembros de la Junta Promotora que postula a La Plata como sede del Congreso Internacional de la Lengua Española 2028.

En la oportunidad el jefe comunal manifestó “el total apoyo a esta iniciativa elevando la vista para ir por un sueño con la idea que la Ciudad pueda ser sede de tan trascendente acontecimiento, apoyando la labor mancomunada entre las asociaciones de la sociedad civil y el estado municipal brindando todo su respaldo”.

Por su parte desde la comitiva destacaron que “venimos hace un año trabajando con un proyecto que tiene que tener una planificación de largo alcance y que debe involucrar a todos los actores de la sociedad de la región. Esto tiene que ser una cuestión de estado de la Ciudad y aspiramos a que todos los sectores se integren y sean parte. El idioma va cambiando y estos congresos son para eso. Estamos trabajando para que La Plata sea sede y luego allí poder debatir todo lo que tiene que ver con nuestra rica lengua. Queremos Re jerarquizar a la Ciudad y al conjunto de los vecinos y las entidades”.

El objetivo inmediato es conseguir adhesiones en las instituciones y personalidades de la Ciudad y en noviembre, para el 140° aniversario de La Plata, tener la propuesta definitiva para elevarla a las autoridades organizadoras del Congreso.

Cabe señalar que el próximo Congreso será el año próximo en Arequipa (Perú), luego posiblemente la sede sea Cadiz (España) 2026 y el siguiente va tomando fuerza la propuesta de nuestra Ciudad.

De la reunión de la Junta Promotora participaron: Dr. Javier Mor Roig secretario de Relaciones Institucionales y Dr. Alfredo Brunetti prosecretario, de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP); Eduardo Tucci presidente y Hugo Mársico vicepresidente del Círculo de Periodistas de la Pcia de Bs As; Lic. Guillermo Pilía, Secretario de la Sociedad Argentina de Escritores SADE Nacional y presidente Filial La Plata; Dr Jose Luis Cimini, consejero del Colegio de Abogacía de La Plata; Alberto Alba, presidente de la Federación de Instituciones Culturales y Deportivas de La Plata; Lic. Agustina Bambaci, por viceconsulado de España La Plata y AIDAS (Asociación Iberoamericana del Derecho a la Salu; Dr. Roberto Alvarez Fundación Universitaria Iberoamericana (FUNIBER).

Desde 1997 los congresos internacionales de la lengua española (CILE), que comenzaron en 1997, se celebran en distintos países hispanohablantes, de los que participan personas de todos los países de habla hispana, escritores, artistas, especialistas y profesionales de los más diversos campos del quehacer cultural.

Los mismos están organizados por el Instituto Cervantes, la Real Academia Española (RAE) y la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), junto con los distintos países anfitriones, con el propósito de impulsar el compromiso institucional con la promoción y unidad del idioma común de 580 millones de personas en todo el mundo.

Cabe destacar que el Congreso Internacional de la Lengua Española es un acontecimiento de carácter universal que se celebra cada tres años en una de las distintas naciones hispanohablantes, y constituye uno de los foros de reflexión más significativos acerca de la situación, los problemas y los retos del idioma español, con el objetivo de generar conciencia de corresponsabilidad sobre la promoción y la unidad de la lengua española entre los gobiernos, las instituciones y las personas. Ver menos

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EL ORGULLO DE HABLAR ESPAÑOL

EL ORGULLO DE HABLAR ESPAÑOL
(Ensayo)
(Premio “Gente de Letras” (2005)

(Un acercamiento a “Babel y el Castellano”, de Arturo Capdevila)

En su libro “Babel y el Castellano”, editado en Buenos Aires en 1945, Arturo
CAPDEVILA , maestro de las letras argentinas y quien fuera en vida docente preclaro de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, entre otros muchos méritos desconocidos por las nuevas generaciones de escritores, afirma que “nunca pude en rueda de españoles e hispanoamericanos, dejar de sentir una honda emoción de fraternidad”. Y subraya que en aquellos grupos ninguno
hablaba el castellano por imposición tiránica u otra humillante necesidad, “todos –dice- en absoluta certeza, lo teníamos por propio, íntimo y muy legítimo bien”.
Años atrás, en 1973, con el beneficio de una beca de Aktion Adveniat
(Alemania) pude acceder al posgrado del CIESPAL (Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo y Comunicación Social de América Latina), en Quito, Ecuador, y captar una dolorosa realidad lingüística mediante una batería de encuestas formuladas por los profesores de UNESCO, de quienes depende ese Centro y realizadas por todos los integrantes de nuestro XIV Curso. No resulta estéril rememorar aquella experiencia en estas nuevas coordenadas de tiempo y espacio para acercarme más al ideario del Maestro Capdevila, como lo registré
en alguna de mis anteriores publicaciones. (BUSTOS, Elsa Cristina “La pulsión de la censura”, Ed.CID, Bs.As.1994).

  • “¿Usted es blanco o natural’
  • “Natural, patronita, natural”.
  • “Y que idioma le gustaría que aprendieran sus hijos? ¿Español o quechua?”
  • “¡Inglés, patronita, inglés!”
    Aquel diálogo a más de 3000 metros de altura nos dejó más helados que el viento
    cordillerano. Estábamos en la provincia de Imbabura, Ecuador, realizando una

investigación ideada por UNESCO-CIESPAL sobre el efecto de los medios de
comunicación masiva en áreas marginadas de distintos centros urbanos artesanales, en este caso la ciudad de Otavalo.
La encuesta fue descubriendo entre aquellos vericuetos montañeses que
conducen a pétreas y blancas viviendas de tejedores de ponchos multicolores de lana cardada a mano y tinturas de ignotas recetas vegetales, donde no permiten el acceso a los agentes del Censo gubernamental, “porque no nos gusta que nos cuenten como a los animales”, resultados tan insólitos como alarmantes.
“¿Qué estudios ha realizado?”, preguntamos a través de nuestro intérprete-guía, un maestro de habla quechua, a jóvenes y adultos de edades indefinidas.
La respuesta era siempre la misma. “Seis años de “escuela blanca”, mi reina”
¡Seis años de escuela primaria en español! Sin embargo, esa gente había olvidado -¿o borrado?- todos sus conocimientos de ese idioma, para volver a hablar en su idioma natal, el quechua, mientras soñaban con que sus hijos aprendieran inglés para comerciar sus tejidos con “los gringos”, esos turistas que tenían los mágicos y poderosos dólares que los deslumbraban.
Los resultados de la investigación registraron la verdad comunicacional de
aquella población: todas las familias poseían equipos de radiofonía de última generación, pero ninguno de sus integrantes supo contestar nunca qué escuchaba en ellos. Solo contestaban “música”, “deportes” o “noticias”, sin poder definir cuál tipo de música, deportes o noticias eran esos. Como tampoco el nombre de su país o los colores
de la bandera nacional aprendidos en la escuela.Y pudimos enterarnos que se dieron casos de mutismo selectivo en algunos niños, presionados entre las expresiones de su lengua natal y “la de los blancos”.
La conclusión es sencilla: en un mundo abrumado por el exceso de información, esa comunidad ecuatoriana, como tantas de Hispanoamérica, permanecía en la más completa y dolorosa desinformación, no por carencia de instrumentos de comunicación social sino por fallas en el mensaje recibido y su código de transmisión: el idioma.
Con esta experiencia y posteriores estudios, proclamo mi orgullo y alegría de pertenecer a la gran comunidad hispanoparlante y manifiesto la convicción de que a través de nuestro idioma común, será posible establecer lazos indestructibles de fraternidad y solidaridad entre las naciones que la componen. Provista de esta tesitura, intentaré seguir al Maestro CAPDEVILA para historiar los avatares del idioma castellano en Argentina, hasta arribar a esta etapa de globalización, consumismo y transculturización.3
Amor controvertido

Las guerras de la Independencia dejaron un amargo resabio
colonialista en los criollos de fines del siglo XIX. No había líder político,
militar o religiosos, que no manejara con igual soltura y bravía actitud,
tanto la espada como la pluma. Todos o casi todos, fueron periodistas,
habida cuenta de que el periódico era el único medio para dirigirse a grupos sociales mayoritarios, y se dio en Buenos Aires hasta la increíble
circunstancia de que el periódico oficial -”La Gazeta”- polemizara consigo
mismo, según el director que lo rigiese cada semana.
Claro está, que el periodismo de entonces no podía dejar de ser
combativo y hasta sedicioso, porque el clima tórrido de las pasiones
políticas no hubiera dejado cabida a la idea de “objetividad informativa”,
implantada años después por las corrientes del liberalismo. Mas pese al
resentimiento con la Vieja Madre Patria “castradora y tiránica”, todos los
comentarios, críticas, panfletos o simples hojas clandestinas, estaban
escritas en idioma español y no en dialectos o regionalismos de algunas
provincias integrantes de la Confederación, ya que los próceres de nuestra
tierra se habían nutrido de las enseñanzas de las más selectas universidades de España, o de las de Charcas y de Chuquisaca primero, y de Córdoba o Buenos Aires después, en las que la lengua de Cervantes constituía un ineludible y venerado modo de comunicación.
Al decir de Capdevila, “la literatura crepitó mezclada con la pólvora”
y estoy en condiciones de aseverar, que la literatura argentina nunca dejó
de demostrar esta especial característica. Porque está plena de ejemplos de
valentía y resistencia ante los reiterados ataques a la libertad de expresión
al avasallamiento de cualquier otro derecho humano. La pólvora nunca se
humedeció con lágrimas de cobardía o resignación y las bocas de los
cañones rugieron al igual que las vetustas máquinas impresoras escondidas en sótanos tan profundos como el sentimiento patriótico de quienes las manejaban. Superficialidad hispanofóbica.

Recuerda el maestro a quien seguimos, que “es necesario para el
apaciguamiento un ambiente de mucho olvido; es necesario que ningún
soplo inoportuno desnude a la brasa de su lenta ceniza”. Y en América
hubo frecuentes ráfagas, intervenciones poco hábiles de España en el
Pacífico “y ese inacabable relampagueo hacia el lado de Cuba, que
renovaban la atmósfera de la mal pasada tormenta”. Así, rememora sus
nueve años de edad en su Córdoba natal, cuando desenvainó su habitual
espada –obviamente de lata- contra un distinguido caballero español, al
grito de “¡Cuba libre!”.
Los intelectuales del siglo XIX sufrían de hispanofobia. Mal que no
solo afectaba a su visión de España sino también a todos sus productos,
especialmente su idioma. Entre ellos, sin duda, los que más se ensañaron
fueron Sarmiento y Alberdi, que llegaron hasta la blasfemia y el deseo de
orfandad buscando en otras lenguas donde abrevar su modo de discurso.
Alberdi proclama. “Es evidente que aún conservamos infinitos restos
del régimen colonial…ya que los españoles nos habían dado el despotismo
en sus costumbres oscuras y miserables”. En cuanto al castellano, afirma
casi axiomáticamente que “es una lengua que nuestra patria no quiere
hablar”. Su pensamiento no acepta la realidad de la emancipación política y la continuidad del colonialismo literario. Y sin darse cuenta del peligro de
su movimiento pendular impulsado por el frenesí de su juventud, agrega:
“En las calles de Buenos Aires circula un castellano modificado por el
pueblo porteño, que algunos escritores argentinos, no parecidos en esto a
Dante, desdeñan por el castellano de Madrid”. E insiste que es ésta “una
lengua de la mayor perfección filosófica…”(…) “aproximarnos a esta
forma por las imitaciones francesas es acercarse a la perfección de nuestra
lengua” (…) “ y llegar a imitar a una lengua perfecta es imitar un
pensamiento perfecto”.


Pero sin duda Alberdi representa lo que Capdevila llama “la izquierda echeverriana”, pues fue Esteban Echeverría quien comenzó a ahondar en esta materia con mayor equilibrio que el autor de las “Bases”.
Su voz sonó firme sobre el Río de la Plata: “No nos hallamos dispuestos a
imitar imitaciones ni a buscar en España ni en nada español el principio
engendrador de nuestra literatura que España no tiene ni puede darnos”. Tal aseveración debe entenderse dentro de un claro contexto: los mericanos aceptan de España el legado de su idioma, más a condición de mejorarlo, de transformarlo progresivamente hasta la emancipación. Por ello.

Echeverría recomienda no adulterar “con postizas y exóticas formas su índole y esencia, ni despojarlo de los atavíos que le son característicos”. Y
de allí sostiene Capdevila, que la doctrina de Alberdi no fue sino la
interpretación exaltada de los postulados de su amigo y maestro.

Sarmiento: cambiar por decreto Si Alberdi llegó a estas instancias, hasta dónde no sería capaz de llegar Domingo Faustino Sarmiento, el loco genial, un hipertípico írrito, según definición de algún psiquiatra, que no temía gritar y golpear la madera de su banca de diputado porque “traigo los puños llenos de verdades”.
Sarmiento fue ante todo un educador, aún desde el libro o el periódico. Quiere salvar la civilización en el Plata y no encuentra la respuesta en su lengua. Juzga, sin más ni más, que el idioma castellano se ha convertido en un instrumento inútil que debe abandonarse. “España que anda a vueltas entre revoluciones y motines no le puede servir –explica Capdevila- ; acabemos entonces con España sostiene Sarmiento”. Y la da por muerta. Le parece que después de Cervantes ni el ingenio, ni el gusto, ni la novedad hallan lugar en la literatura de la Península. No hay nada que esperar de la lengua castellana. “Tenemos que ir a mendigar a las puertas del extranjero las luces que nos niega nuestro propio idioma”, vocifera el ilustre sanjuanino a quien la religión del progreso lo cuenta entre sus adeptos. Cree, desde sus dogmas,
que el español “se ha vuelto un dialecto inmanejable para la expresión de
las ideas”. En tal idioma muerto, España solo dejó para él un enorme
caudal de ignorancia. Bien quisiera, con su afán de “educar al soberano”
hallar otro modo de comunicación: “Hay lenguas gubernativas…El
castellano no es lengua de gobierno”. Y está seguro de que en el castellano
solamente hay palabras huecas, no ideas. “Agricultura en castellano,
geología en castellano, hablar de arcos y de inventos en castellano…¡un
diablo! Esta lengua es un viejo reloj herrumbroso que marca todavía el
siglo XVI. No dejará nunca de marcarlo”. Este es el mensaje de Sarmiento,
su febril obsesión, desde 1842 hasta 1870.

Fin de la exaltación utópica Casi contemporáneamente pero en otras latitudes, Guillermo de HUMBOLDT (1767-1835) ,en su ensayo “Las lenguas del Nuevo Continente”, se preocupó por el idioma donde –dice- “el alma de las
naciones encuentra su expresión más elevada”. En la referida obra opina también que “el pueblo disfruta de esa influencia benéfica y, además, diariamente se sirve de las mismas palabras y de las mismas frases, por cuyos recursos percibe el hombre ordinario matices más finos y guarda contacto con lo que, en muchos aspectos, se encuentra encima de él”. Para Humboldt el lenguaje es una forma de ascensión del pueblo “desde el fondo mismo de sus pensamientos y sentimientos”. Y no dudó en afirmar: “Uno de los cuidados más importantes de quienes dirigen la instrucción pública de un país es el de conservar el lazo del lenguaje, que es el medio que torna tan libre y fácil la comunicación entre las diferentes
clases de la sociedad”. Con euforia insiste sobre las lenguas: “Son compañeras de nuestros goces y alegrías, testigos fieles de los más secretos
movimientos de nuestra alma: las lenguas atraen hacia sí y una parte de
nuestra vida, la conservan y trasmiten y establecen una honda armonía
entre los que, aún en regiones distintas, pertenecen a una misma nación”.

Nuevamente bajo la Cruz del Sur, hallaremos que muchos autores
insistirán en sostener que tanto Echeverría como Sarmiento y otros,
llegaron a hablar de una lengua primitiva de los argentinos. Y sobre este
asunto explica Capdevila “no faltó durante larga época, la vaga creencia en
un idioma nacional, ya porque se le supusiera en formación, ya porque el
patriotismo condujese a desearlo”.
Al hacer con Capdevila un análisis retrospectivo de este
nacionalismo idiomático, hallamos la dificultad de definir cuáles serían las
ventajas si aceptáramos tal tesitura. Porque como advierte el autor a quien
seguimos en nuestra ponencia “si resulta legítima en la Argentina la
creación de una lengua, cerca de veinte lenguas debían formarse en la
América Española por análogo motivo y con igual derecho. Con lo que la
revolución americana vendría a resultar con el tiempo lo menos favorable a América, mal que mal solidaria. Habríase hecho un conglomerado de
naciones irreparablemente extrañas. Casi como cambiar un sistema
planetario por un momento turbión de cometas errantes…

América, España, hoy Los tiempos han cambiado muchos desde aquellas polémicas. El
mundo globalizado y los medios de comunicación electrónicos, así como
las nuevas autopistas informáticas permiten al hombre desde cualquier
lugar donde se encuentre, tomar contacto con sus semejantes, en cualquier
idioma, en forma inmediata. Internet fue la gran revolución que eliminó
fronteras de la comunicación y el conocimiento. El mundo se achicó y
hasta la Historia puede indagarse rápidamente en la pantalla de nuestra
computadora. Ya no buscamos el patriotismo en nuestro idioma.
Intentamos simplificar nuestros contactos lingüísticos y el idioma inglés
aporta una eficaz manera de lograrlo. La tecnología exige conocer estas
reglas y quien nos las comprende queda aislado del mundo y del futuro.
Pero ello no significa rechazar el idioma natal, con sus vivencias,
recuerdos, nostalgias, afectos y hasta luchas por la libertad. La voz de la
madre, el himno patriótico, el canto sagrado o la canción de los amantes

8seguirá en el tiempo y el espacio de nuestra existencia,latiendo con cada
pulsación, con cada nota musical… Como bien afirma Capdevila en frase que nos conmueve: “Hoy por hoy, todo puede ser sojuzgado en un pueblo , menos su idioma”. Claro
ejemplo de esta aseveración la ofrecen, entre otras comunidades, los
vascos,catalanes, puertorriqueños, irlandeses ,hispanos residentes en
Estados Unidos de Norteamérica y en esta instancia bélica los ucranianos.
Según estadísticas actuales los hispanoparlantes en EE-UU,superan el 20%
de su población y son muchas las escuelas que tienen al español como
segunda lengua a impartir en su currícula.
Capdevila no duda en señalar que “el idioma es un fenómeno espiritual lleno de sorpresas ; lo que suele cambiar con el tiempo no es la
lengua sino el lenguaje; no es el idioma sino su timbre, si podemos hablar
así”.
Por su parte, Jorge Luis Borges, en sus inquisiciones sobre “El
idioma de los argentinos”, no llega a señalar otra cosa que una diferencia
de tono entre el lenguaje familiar hablado porteño y el español. “No hemos
variado el sentido intrinseco de las palabras, pero sí su connotación en lo
que mira a las emociones”.
De allí que con sus 61 años a cuesta –apagados los ardores
hispanofóbicos- Alberdi debió reconocer que en España y América “el
idioma será el mismo en el fondo” (Cambours Ocampo, Arturo
“Lenguaje y Nación”). Y el propio Sarmiento, cuando ejerció la
Presidencia de la Nación Argentina, dispuso que la enseñanza por
profesores extranjeros debía corresponder a “españoles de la Península”.
En 2004 , el Congreso de la Lengua española que tuvo lugar en la
ciudad de Rosario, Argentina, presidido por los Reyes de España y
enmarcado por el ardoroso fervor de cientos de escritores hispanoamericanos, confirmó las conclusiones de Alberdi y Sarmiento,
luego de años de bizantinas discusiones entre los argentinos.


Porteñismos, lunfardos y otras yerbas Probablemente haya pocos procesos tan dinámicos como el lenguaje tan proclives a abrevar de distintas fuentes, a veces enriqueciéndose, otras perdiendo su valiosa esencia.

Argentina, crisol de razas, puerta abierta las más diferentes etnias, fue siempre un aglutinante de costumbres, modas, lenguas y
creencias. De esa extraña conjunción –descontando los regionalismo de un
territorio enorme- surgieron palabras nuevas, creaciones insólitas
provenientes de una Europa de post guerra o de códigos nacidos a la
sombra de hábitos carcelarios: los del lunfardo porteño consagrados en el
ritmo del tango.
Además, los medios de comunicación masivos, por buenas o malas
razones, han caído siempre en la deformación del lenguaje en general, y de
nuestro idioma en particular .La propaganda política también ha
contribuído a su deterioro y la invasión del lenguaje soez o de
connotaciones de sexo desorbitado han contribuído a la violencia del
lenguaje cotidiano. Resulta extraño observar hoy en las pantallas
televisivas ,a un político que no insulte o a un artista y hasta un periodista
que no considere gracioso proferir alguna grosería u obscenidad.
Mas,son los jóvenes quienes expanden estas sombras sobre nuestro
querido y rico idioma español, al utilizar el lenguaje de la
drogadependencia.Las palabras son disparadas como proyectiles e
impactan en los niños, que ya no reconocerán más lenguaje que el de la
violencia.Ya nadie lee. Y quien no lee no sabrá escribir.Sumado a este
panorama de ignorancia y paupérrimas expresiones idiomáticas, surgió la
moda impuesta por un sector del Estado de “hablar en inclusivo”,
pretendido así incluir a supuestas minorías víctimas de discriminación por
su elección sexual, en palabras que reemplazan la “a” y la “o” por la letra
“e”.Una situación forzada y ridícula, como si el crecimiento y
enriquecimiento del lenguaje pudiera lograrse por decreto ,sin la lógica
decantación que a través de los años hacen los pueblos.
Dialogar es cada vez más difícil para padres y maestros con sus hijos
o alumnos. Estamos ,dolorosamente, contemplando la caída de nuestra

educación , el colapso de nuestra cultura junto con la de nuestra economía.
Pero Argentina no puede ni debe caer. Porque siempre fue un reservorio de
la cultura de América Hispana y esa característica es la que le dio prestigio
ante la Historia. Hemos tenido magníficos escritores, grandes periodistas,
maestros de renombre, medios de comunicación reconocidos
mundialmente… No debemos distraernos. Porque si seguimos luchando
contra molinos de viento que nos colocan para tapar los verdaderos valores
de nuestra cultura, habremos perdido la batalla final…
Resulta notable observar, que muchos jóvenes y no tan jóvenes
prefieran lacerarse la piel con tatuajes, grafismos y palabras, antes que
intentar escribir sobre un papel o una pantalla de computadora. Inclusive,a
riesgo de no poder borrarlos en el futuro o arriesgarse a patologías severas
a causa de esas tintas de extrañas procedencias.
Quien esto escribe, docente, periodista y escritora, es decir orfebre de
las palabras, amante de los signos y devota del idioma español, teme que
las nuevas generaciones dejen arrebatarse el idioma, por estúpidos
populismos y vanas consignas.
Hemos seguido el pensamiento de Arturo Cappdevila, quien fuera un
magnífico escritor y profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de
la Educación, así como docente de la primera Escuela de Periodismo
fundada por el Círculo de Periodismo de la Provincia de Buenos Aires, en
la Cátedra de Periodismo Argentino entre 1820 y 1930. Con él queremos
dejar flotando en este maravilloso cielo hispanoamericano, su magistral
diagnóstico formulado hace 75 años, que esperamos que sea certero, por el
bien de nuestra Patria:
“Desnuda verdad de nuestros días: no cuenta la América Española con otra unidad que la del idioma común. La unidad religiosa no tiene ninguna eficacia actual (ni existe), y en cuanto a la unidad del régimen político, muchos de sus pueblos han renegado del inmenso bien de la Democracia, ya que la dejaron ofender y profanar por menguados tiranuelos. No queda más que el idioma.” Y asevera”

con la poética certeza del patriota: “Por el idioma común puede volverse
aún hermosamente solidario el destino de América”.

Lic. Elsa Cristina Bustos

Obras citadas:
CAPDEVILA, Arturo.- “Babel y el Castellano”.- Ed. Losada S.A. Buenos
Aires, 1945, 2da.edición.
BUSTOS, Elsa Cristina.- “La Pulsión de la Censura”.-Ed.CID-Diario del
Viajero.-Bs.As.,1994
CAMBOURS OCAMPO, Arturo.- “Lenguaje y Nación”.-Ed-Marymar.-
Bs.AS..1983
BORGES, Jorge Luis .- “El idioma de los Argentinos”.- Bs.As.,1928
(Cit.por Cambours Ocampo)
HUMBOLDT,Guillermo de .-“Las lenguas del nuevo Continente” (1767-
1835)- Art.periodístico Diario “El Día”, de La Plata.
-Academia Argentina de Letras-“Diccionario del Habla de los
Argentinos” -“ La Nación” S.A.Espasa/ Calpe.-Grupo Editorial Planeta
2003-2004.
-Material periodístico de archivo profesional propio.
-Investigación de campo de la autora en Ecuador.-Curso de post grado del
CIESPAL (Quito, 1973).- UNESCO

EL ORGULLO DE HABLAR ESPAÑOL

(Ensayo)

(Premio “Gente de Letras” (2005)

(Un acercamiento a “Babel y el Castellano”, de Arturo Capdevila)

——————————-

En su libro “Babel y el Castellano”, editado en Buenos Aires en 1945, Arturo

CAPDEVILA , maestro de las letras argentinas y quien fuera en vida docente preclaro

de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional

de La Plata, entre otros muchos méritos desconocidos por las nuevas generaciones de

escritores, afirma que “nunca pude en rueda de españoles e hispanoamericanos, dejar de

sentir una honda emoción de fraternidad”. Y subraya que en aquellos grupos ninguno

hablaba el castellano por imposición tiránica u otra humillante necesidad, “todos –dice-

en absoluta certeza, lo teníamos por propio, íntimo y muy legítimo bien”.

Años atrás, en 1973, con el beneficio de una beca de Aktion Adveniat

(Alemania) pude acceder al posgrado del CIESPAL (Centro Internacional de Estudios

Superiores de Periodismo y Comunicación Social de América Latina), en Quito,

Ecuador, y captar una dolorosa realidad lingüística mediante una batería de encuestas

formuladas por los profesores de UNESCO, de quienes depende ese Centro y realizadas

por todos los integrantes de nuestro XIV Curso.

No resulta estéril rememorar aquella experiencia en estas nuevas coordenadas de

tiempo y espacio para acercarme más al ideario del Maestro Capdevila, como lo registré

en alguna de mis anteriores publicaciones. (BUSTOS, Elsa Cristina “La pulsión de la

censura”, Ed.CID, Bs.As.1994).

– “¿Usted es blanco o natural’

– “Natural, patronita, natural”.

– “Y que idioma le gustaría que aprendieran sus hijos? ¿Español o quechua?”

– “¡Inglés, patronita, inglés!”

Aquel diálogo a más de 3000 metros de altura nos dejó más helados que el viento

cordillerano. Estábamos en la provincia de Imbabura, Ecuador, realizando una

2

investigación ideada por UNESCO-CIESPAL sobre el efecto de los medios de

comunicación masiva en áreas marginadas de distintos centros urbanos artesanales, en

este caso la ciudad de Otavalo.

La encuesta fue descubriendo entre aquellos vericuetos montañeses que

conducen a pétreas y blancas viviendas de tejedores de ponchos multicolores de lana

cardada a mano y tinturas de ignotas recetas vegetales, donde no permiten el acceso a

los agentes del Censo gubernamental, “porque no nos gusta que nos cuenten como a los

animales”, resultados tan insólitos como alarmantes.

“¿Qué estudios ha realizado?”, preguntamos a través de nuestro intérprete-guía,

un maestro de habla quechua, a jóvenes y adultos de edades indefinidas.

La respuesta era siempre la misma. “Seis años de “escuela blanca”, mi reina”

¡Seis años de escuela primaria en español! Sin embargo, esa gente había olvidado -¿o

borrado?- todos sus conocimientos de ese idioma, para volver a hablar en su idioma

natal, el quechua, mientras soñaban con que sus hijos aprendieran inglés para comerciar

sus tejidos con “los gringos”, esos turistas que tenían los mágicos y poderosos dólares

que los deslumbraban.

Los resultados de la investigación registraron la verdad comunicacional de

aquella población: todas las familias poseían equipos de radiofonía de última

generación, pero ninguno de sus integrantes supo contestar nunca qué escuchaba en

ellos. Solo contestaban “música”, “deportes” o “noticias”, sin poder definir cuál tipo de

música, deportes o noticias eran esos. Como tampoco el nombre de su país o los colores

de la bandera nacional aprendidos en la escuela.Y pudimos enterarnos que se dieron

casos de mutismo selectivo en algunos niños, presionados entre las expresiones de su

lengua natal y “la de los blancos”.

La conclusión es sencilla: en un mundo abrumado por el exceso de información,

esa comunidad ecuatoriana, como tantas de Hispanoamérica, permanecía en la más

completa y dolorosa desinformación, no por carencia de instrumentos de comunicación

social sino por fallas en el mensaje recibido y su código de transmisión: el idioma.

Con esta experiencia y posteriores estudios, proclamo mi orgullo y alegría de

pertenecer a la gran comunidad hispanoparlante y manifiesto la convicción de que a

través de nuestro idioma común, será posible establecer lazos indestructibles de

fraternidad y solidaridad entre las naciones que la componen. Provista de esta tesitura,

intentaré seguir al Maestro CAPDEVILA para historiar los avatares del idioma

castellano en Argentina, hasta arribar a esta etapa de globalización, consumismo y

transculturización.

3

Amor controvertido

Las guerras de la Independencia dejaron un amargo resabio

colonialista en los criollos de fines del siglo XIX. No había líder político,

militar o religiosos, que no manejara con igual soltura y bravía actitud,

tanto la espada como la pluma. Todos o casi todos, fueron periodistas,

habida cuenta de que el periódico era el único medio para dirigirse a grupos

sociales mayoritarios, y se dio en Buenos Aires hasta la increíble

circunstancia de que el periódico oficial -”La Gazeta”- polemizara consigo

mismo, según el director que lo rigiese cada semana.

Claro está, que el periodismo de entonces no podía dejar de ser

combativo y hasta sedicioso, porque el clima tórrido de las pasiones

políticas no hubiera dejado cabida a la idea de “objetividad informativa”,

implantada años después por las corrientes del liberalismo. Mas pese al

resentimiento con la Vieja Madre Patria “castradora y tiránica”, todos los

comentarios, críticas, panfletos o simples hojas clandestinas, estaban

escritas en idioma español y no en dialectos o regionalismos de algunas

provincias integrantes de la Confederación, ya que los próceres de nuestra

tierra se habían nutrido de las enseñanzas de las más selectas universidades

de España, o de las de Charcas y de Chuquisaca primero, y de Córdoba o

Buenos Aires después, en las que la lengua de Cervantes constituía un

ineludible y venerado modo de comunicación.

Al decir de Capdevila, “la literatura crepitó mezclada con la pólvora”

y estoy en condiciones de aseverar, que la literatura argentina nunca dejó

de demostrar esta especial característica. Porque está plena de ejemplos de

valentía y resistencia ante los reiterados ataques a la libertad de expresión o

al avasallamiento de cualquier otro derecho humano. La pólvora nunca se

humedeció con lágrimas de cobardía o resignación y las bocas de los

cañones rugieron al igual que las vetustas máquinas impresoras escondidas

en sótanos tan profundos como el sentimiento patriótico de quienes las

manejaban.

4

Superficialidad hispanofóbica

Recuerda el maestro a quien seguimos, que “es necesario para el

apaciguamiento un ambiente de mucho olvido; es necesario que ningún

soplo inoportuno desnude a la brasa de su lenta ceniza”. Y en América

hubo frecuentes ráfagas, intervenciones poco hábiles de España en el

Pacífico “y ese inacabable relampagueo hacia el lado de Cuba, que

renovaban la atmósfera de la mal pasada tormenta”. Así, rememora sus

nueve años de edad en su Córdoba natal, cuando desenvainó su habitual

espada –obviamente de lata- contra un distinguido caballero español, al

grito de “¡Cuba libre!”.

Los intelectuales del siglo XIX sufrían de hispanofobia. Mal que no

solo afectaba a su visión de España sino también a todos sus productos,

especialmente su idioma. Entre ellos, sin duda, los que más se ensañaron

fueron Sarmiento y Alberdi, que llegaron hasta la blasfemia y el deseo de

orfandad buscando en otras lenguas donde abrevar su modo de discurso.

Alberdi proclama. “Es evidente que aún conservamos infinitos restos

del régimen colonial…ya que los españoles nos habían dado el despotismo

en sus costumbres oscuras y miserables”. En cuanto al castellano, afirma

casi axiomáticamente que “es una lengua que nuestra patria no quiere

hablar”. Su pensamiento no acepta la realidad de la emancipación política y

la continuidad del colonialismo literario. Y sin darse cuenta del peligro de

su movimiento pendular impulsado por el frenesí de su juventud, agrega:

“En las calles de Buenos Aires circula un castellano modificado por el

pueblo porteño, que algunos escritores argentinos, no parecidos en esto a

Dante, desdeñan por el castellano de Madrid”. E insiste que es ésta “una

lengua de la mayor perfección filosófica…”(…) “aproximarnos a esta

forma por las imitaciones francesas es acercarse a la perfección de nuestra

lengua” (…) “ y llegar a imitar a una lengua perfecta es imitar un

pensamiento perfecto”.

5

Pero sin duda Alberdi representa lo que Capdevila llama “la

izquierda echeverriana”, pues fue Esteban Echeverría quien comenzó a

ahondar en esta materia con mayor equilibrio que el autor de las “Bases”.

Su voz sonó firme sobre el Río de la Plata: “No nos hallamos dispuestos a

imitar imitaciones ni a buscar en España ni en nada español el principio

engendrador de nuestra literatura que España no tiene ni puede darnos”. Tal

aseveración debe entenderse dentro de un claro contexto: los americanos

aceptan de España el legado de su idioma, más a condición de mejorarlo,

de transformarlo progresivamente hasta la emancipación. Por ello

Echeverría recomienda no adulterar “con postizas y exóticas formas su

índole y esencia, ni despojarlo de los atavíos que le son característicos”. Y

de allí sostiene Capdevila, que la doctrina de Alberdi no fue sino la

interpretación exaltada de los postulados de su amigo y maestro.

Sarmiento: cambiar por decreto

Si Alberdi llegó a estas instancias, hasta dónde no sería capaz de

llegar Domingo Faustino Sarmiento, el loco genial, un hipertípico írrito,

según definición de algún psiquiatra, que no temía gritar y golpear la

madera de su banca de diputado porque “traigo los puños llenos de

verdades”.

Sarmiento fue ante todo un educador, aún desde el libro o el

periódico. Quiere salvar la civilización en el Plata y no encuentra la

respuesta en su lengua. Juzga, sin más ni más, que el idioma castellano se

ha convertido en un instrumento inútil que debe abandonarse. “España que

anda a vueltas entre revoluciones y motines no le puede servir –explica

Capdevila- ; acabemos entonces con España sostiene Sarmiento”. Y la da

por muerta. Le parece que después de Cervantes ni el ingenio, ni el gusto,

ni la novedad hallan lugar en la literatura de la Península. No hay nada que

esperar de la lengua castellana.

“Tenemos que ir a mendigar a las puertas del extranjero las luces que

nos niega nuestro propio idioma”, vocifera el ilustre sanjuanino a quien la

6

religión del progreso lo cuenta entre sus adeptos. Cree, desde sus dogmas,

que el español “se ha vuelto un dialecto inmanejable para la expresión de

las ideas”. En tal idioma muerto, España solo dejó para él un enorme

caudal de ignorancia. Bien quisiera, con su afán de “educar al soberano”

hallar otro modo de comunicación: “Hay lenguas gubernativas…El

castellano no es lengua de gobierno”. Y está seguro de que en el castellano

solamente hay palabras huecas, no ideas. “Agricultura en castellano,

geología en castellano, hablar de arcos y de inventos en castellano…¡un

diablo! Esta lengua es un viejo reloj herrumbroso que marca todavía el

siglo XVI. No dejará nunca de marcarlo”. Este es el mensaje de Sarmiento,

su febril obsesión, desde 1842 hasta 1870.

Fin de la exaltación utópica

Casi contemporáneamente pero en otras latitudes, Guillermo de

HUMBOLDT (1767-1835) ,en su ensayo “Las lenguas del Nuevo

Continente”, se preocupó por el idioma donde –dice- “el alma de las

naciones encuentra su expresión más elevada”.

En la referida obra opina también que “el pueblo disfruta de esa

influencia benéfica y, además, diariamente se sirve de las mismas palabras

y de las mismas frases, por cuyos recursos percibe el hombre ordinario

matices más finos y guarda contacto con lo que, en muchos aspectos, se

encuentra encima de él”.

Para Humboldt el lenguaje es una forma de ascensión del pueblo

“desde el fondo mismo de sus pensamientos y sentimientos”. Y no dudó en

afirmar: “Uno de los cuidados más importantes de quienes dirigen la

instrucción pública de un país es el de conservar el lazo del lenguaje, que es

el medio que torna tan libre y fácil la comunicación entre las diferentes

clases de la sociedad”. Con euforia insiste sobre las lenguas: “Son

compañeras de nuestros goces y alegrías, testigos fieles de los más secretos

movimientos de nuestra alma: las lenguas atraen hacia sí y una parte de

nuestra vida, la conservan y trasmiten y establecen una honda armonía

entre los que, aún en regiones distintas, pertenecen a una misma nación”.

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Nuevamente bajo la Cruz del Sur, hallaremos que muchos autores

insistirán en sostener que tanto Echeverría como Sarmiento y otros,

llegaron a hablar de una lengua primitiva de los argentinos. Y sobre este

asunto explica Capdevila “no faltó durante larga época, la vaga creencia en

un idioma nacional, ya porque se le supusiera en formación, ya porque el

patriotismo condujese a desearlo”.

Al hacer con Capdevila un análisis retrospectivo de este

nacionalismo idiomático, hallamos la dificultad de definir cuáles serían las

ventajas si aceptáramos tal tesitura. Porque como advierte el autor a quien

seguimos en nuestra ponencia “si resulta legítima en la Argentina la

creación de una lengua, cerca de veinte lenguas debían formarse en la

América Española por análogo motivo y con igual derecho. Con lo que la

revolución americana vendría a resultar con el tiempo lo menos favorable a

América, mal que mal solidaria. Habríase hecho un conglomerado de

naciones irreparablemente extrañas. Casi como cambiar un sistema

planetario por un momento turbión de cometas errantes…

América, España, hoy

Los tiempos han cambiado muchos desde aquellas polémicas. El

mundo globalizado y los medios de comunicación electrónicos, así como

las nuevas autopistas informáticas permiten al hombre desde cualquier

lugar donde se encuentre, tomar contacto con sus semejantes, en cualquier

idioma, en forma inmediata. Internet fue la gran revolución que eliminó

fronteras de la comunicación y el conocimiento. El mundo se achicó y

hasta la Historia puede indagarse rápidamente en la pantalla de nuestra

computadora. Ya no buscamos el patriotismo en nuestro idioma.

Intentamos simplificar nuestros contactos lingüísticos y el idioma inglés

aporta una eficaz manera de lograrlo. La tecnología exige conocer estas

reglas y quien nos las comprende queda aislado del mundo y del futuro.

Pero ello no significa rechazar el idioma natal, con sus vivencias,

recuerdos, nostalgias, afectos y hasta luchas por la libertad. La voz de la

madre, el himno patriótico, el canto sagrado o la canción de los amantes

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seguirá en el tiempo y el espacio de nuestra existencia,latiendo con cada

pulsación, con cada nota musical…

Como bien afirma Capdevila en frase que nos conmueve: “Hoy por

hoy, todo puede ser sojuzgado en un pueblo , menos su idioma”. Claro

ejemplo de esta aseveración la ofrecen, entre otras comunidades, los

vascos,catalanes, puertorriqueños, irlandeses ,hispanos residentes en

Estados Unidos de Norteamérica y en esta instancia bélica los ucranianos.

Según estadísticas actuales los hispanoparlantes en EE-UU,superan el 20%

de su población y son muchas las escuelas que tienen al español como

segunda lengua a impartir en su currícula.

Capdevila no duda en señalar que “el idioma es un fenómeno

espiritual lleno de sorpresas ; lo que suele cambiar con el tiempo no es la

lengua sino el lenguaje; no es el idioma sino su timbre, si podemos hablar

así”.

Por su parte, Jorge Luis Borges, en sus inquisiciones sobre “El

idioma de los argentinos”, no llega a señalar otra cosa que una diferencia

de tono entre el lenguaje familiar hablado porteño y el español. “No hemos

variado el sentido intrinseco de las palabras, pero sí su connotación en lo

que mira a las emociones”.

De allí que con sus 61 años a cuesta –apagados los ardores

hispanofóbicos- Alberdi debió reconocer que en España y América “el

idioma será el mismo en el fondo” (Cambours Ocampo, Arturo

“Lenguaje y Nación”). Y el propio Sarmiento, cuando ejerció la

Presidencia de la Nación Argentina, dispuso que la enseñanza por

profesores extranjeros debía corresponder a “españoles de la Península”.

En 2004 , el Congreso de la Lengua española que tuvo lugar en la

ciudad de Rosario, Argentina, presidido por los Reyes de España y

enmarcado por el ardoroso fervor de cientos de escritores

hispanoamericanos, confirmó las conclusiones de Alberdi y Sarmiento,

luego de años de bizantinas discusiones entre los argentinos.

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Porteñismos, lunfardos y otras yerbas

Probablemente haya pocos procesos tan dinámicos como el lenguaje

tan proclives a abrevar de distintas fuentes, a veces enriqueciéndose, otras

perdiendo su valiosa esencia.

Argentina, crisol de razas, puerta abierta las más diferentes

etnias, fue siempre un aglutinante de costumbres, modas, lenguas y

creencias. De esa extraña conjunción –descontando los regionalismo de un

territorio enorme- surgieron palabras nuevas, creaciones insólitas

provenientes de una Europa de post guerra o de códigos nacidos a la

sombra de hábitos carcelarios: los del lunfardo porteño consagrados en el

ritmo del tango.

Además, los medios de comunicación masivos, por buenas o malas

razones, han caído siempre en la deformación del lenguaje en general, y de

nuestro idioma en particular .La propaganda política también ha

contribuído a su deterioro y la invasión del lenguaje soez o de

connotaciones de sexo desorbitado han contribuído a la violencia del

lenguaje cotidiano. Resulta extraño observar hoy en las pantallas

televisivas ,a un político que no insulte o a un artista y hasta un periodista

que no considere gracioso proferir alguna grosería u obscenidad.

Mas,son los jóvenes quienes expanden estas sombras sobre nuestro

querido y rico idioma español, al utilizar el lenguaje de la

drogadependencia.Las palabras son disparadas como proyectiles e

impactan en los niños, que ya no reconocerán más lenguaje que el de la

violencia.Ya nadie lee. Y quien no lee no sabrá escribir.Sumado a este

panorama de ignorancia y paupérrimas expresiones idiomáticas, surgió la

moda impuesta por un sector del Estado de “hablar en inclusivo”,

pretendido así incluir a supuestas minorías víctimas de discriminación por

su elección sexual, en palabras que reemplazan la “a” y la “o” por la letra

“e”.Una situación forzada y ridícula, como si el crecimiento y

enriquecimiento del lenguaje pudiera lograrse por decreto ,sin la lógica

decantación que a través de los años hacen los pueblos.

Dialogar es cada vez más difícil para padres y maestros con sus hijos

o alumnos. Estamos ,dolorosamente, contemplando la caída de nuestra

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educación , el colapso de nuestra cultura junto con la de nuestra economía.

Pero Argentina no puede ni debe caer. Porque siempre fue un reservorio de

la cultura de América Hispana y esa característica es la que le dio prestigio

ante la Historia. Hemos tenido magníficos escritores, grandes periodistas,

maestros de renombre, medios de comunicación reconocidos

mundialmente… No debemos distraernos. Porque si seguimos luchando

contra molinos de viento que nos colocan para tapar los verdaderos valores

de nuestra cultura, habremos perdido la batalla final…

Resulta notable observar, que muchos jóvenes y no tan jóvenes

prefieran lacerarse la piel con tatuajes, grafismos y palabras, antes que

intentar escribir sobre un papel o una pantalla de computadora. Inclusive,a

riesgo de no poder borrarlos en el futuro o arriesgarse a patologías severas

a causa de esas tintas de extrañas procedencias.

Quien esto escribe, docente, periodista y escritora, es decir orfebre de

las palabras, amante de los signos y devota del idioma español, teme que

las nuevas generaciones dejen arrebatarse el idioma, por estúpidos

populismos y vanas consignas.

Hemos seguido el pensamiento de Arturo Cappdevila, quien fuera un

magnífico escritor y profesor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de

la Educación, así como docente de la primera Escuela de Periodismo

fundada por el Círculo de Periodismo de la Provincia de Buenos Aires, en

la Cátedra de Periodismo Argentino entre 1820 y 1930. Con él queremos

dejar flotando en este maravilloso cielo hispanoamericano, su magistral

diagnóstico formulado hace 75 años, que esperamos que sea certero, por el

bien de nuestra Patria:

“Desnuda verdad de nuestros días: no cuenta la América

Española con otra unidad que la del idioma común. La unidad

religiosa no tiene ninguna eficacia actual (ni existe), y en cuanto a la

unidad del régimen político, muchos de sus pueblos han renegado del

inmenso bien de la Democracia, ya que la dejaron ofender y profanar

por menguados tiranuelos. No queda más que el idioma.” Y asevera”

11

con la poética certeza del patriota: “Por el idioma común puede volverse

aún hermosamente solidario el destino de América”.

Lic. Elsa Cristina Bustos

Obras citadas:

CAPDEVILA, Arturo.- “Babel y el Castellano”.- Ed. Losada S.A. Buenos

Aires, 1945, 2da.edición.

BUSTOS, Elsa Cristina.- “La Pulsión de la Censura”.-Ed.CID-Diario del

Viajero.-Bs.As.,1994

CAMBOURS OCAMPO, Arturo.- “Lenguaje y Nación”.-Ed-Marymar.-

Bs.AS..1983

BORGES, Jorge Luis .- “El idioma de los Argentinos”.- Bs.As.,1928

(Cit.por Cambours Ocampo)

HUMBOLDT,Guillermo de .-“Las lenguas del nuevo Continente” (1767-

1835)- Art.periodístico Diario “El Día”, de La Plata.

-Academia Argentina de Letras-“Diccionario del Habla de los

Argentinos” -“ La Nación” S.A.Espasa/ Calpe.-Grupo Editorial Planeta

2003-2004.

-Material periodístico de archivo profesional propio.

-Investigación de campo de la autora en Ecuador.-Curso de post grado del

CIESPAL (Quito, 1973).- UNESCO

Feliz dia del Periodista Deportivo

El 2 de julio homenajeamos a aquellos profesionales de la comunicación social, dedicados a informar sobre el mundo del deporte. Se celebra el Día Internacional del Periodista Deportivo.